Ramiro Aguilar / El solitario Andrés
Ramiro Aguilar T
Ramiro Aguilar

A lo largo de un par de semanas un personaje del Twitter, don Augusto Tandazo se ha dedicado a buscar pendencia.

No lo sigo en redes porque su cuenta es como el espejo del Diablo, mencionado por Hans Christian Andersen en su precioso cuento La Reina de las Nieves escrito en 1844: “…érase una vez un duende malvado, uno de los peores: el Diablo. Cierto día se encontraba el diablo muy contento, pues había fabricado un espejo dotado de una extraña propiedad: todo lo bello y lo bueno que en él se reflejaba, menguaba y menguaba… hasta casi desaparecer; todo lo que no valía nada y era malo y feo, resaltaba con fuerza, volviéndose peor aún de lo que antes era”.

Tandazo comentó agriamente un tuit mío dirigido no a él, sino al ex presidente Correa; y luego me mandó a la porra por unas declaraciones vertidas por mí en el programa Palabra Suelta que conduce Xavier Lasso.

Hace meses, en esa burbuja llamada Twitter, algunas cuentas mencionaban su nombre como posible candidato presidencial del progresismo. Me parece que eso lo ilusionó mucho y recurrió a sus tuits multicolores para sumarse a la causa. Resaltado va, resaltado viene, subrayado va, subrayado viene, sus tuits eran cada vez más violentos. Sus declaraciones en radio, más duras. Es evidente que Augusto Tandazo quiso “copar la parada” en el progresismo. Sin embargo, el Twitter no basta. No hay que enojarse por ello, solo comprender que el Twitter no es un indicador valedero del grado de aceptación que una persona pueda tener en el electorado. No sé si en realidad le propusieron o no alguna candidatura, o si solamente el Twitter le rompió el corazón y jamás nadie le propuso nada.

Las desilusiones personales no son excusa para salir a lanzar puñaladas verbales contra las personas. No me enojé por sus tuits que los amigos me pasaron para la lectura. Soy un demócrata y un creyente en la libertad de expresión. Si a don Tandazo no le gusta lo que escribo o hablo y lo dice; pues allá él.

El comportamiento de don Tandazo es muy decidor de los cánones de la política ecuatoriana. Si a alguien no le dan lo que quiere, o lo que cree que se merece, pues enseguida se hace enemigo, y denosta lo que antes aplaudía. 

El Ecuador se encuentra en un trance de tal magnitud que ha llevado a sus habitantes al enojo. El ciudadano desprecia al gobierno de Moreno por haber hecho más millonaria a la banca y a los especuladores financieros; a la par que abandonó a sus ciudadanos en medio de la pandemia y la pobreza. La ira popular está contenida y el gobierno de Moreno lo siente, por eso ha convertido al centro de Quito en un fortín alambrado y con mallas al que solo falta el foso con cocodrilos.

En este escenario, comportamientos como el de don Tandazo no ayudan.

El crítico empedernido que todo ve mal, no construye. Finalmente, ¿qué son las pequeñas disputas personales cuando en el fondo se está jugando el futuro de la nación?

Ahora, nuestro personaje del Twitter ha lanzado sus invectivas en contra del ex presidente Correa, en medio de la incertidumbre que ha abierto el Consejo Nacional Electoral respecto a la inscripción o no del binomio Araúz / Rabascal. Si don Tandazo era de verdad progresista, debió abstenerse de abrirle otro frente al progresismo, que ya bastante tiene con su lucha por algo tan básico como su participación electoral.

El neoliberalismo se ha dado el trabajo de formar la Quinta Columna en las filas del progresismo; esto es, lograr que un grupo de gente debilite desde adentro la organización y las convicciones de la militancia.

Para terminar, don Tandazo y las personas que piensan como él, son libres de expresarse como a bien tengan y criticar las opiniones de los demás. Nosotros, también tenemos derecho a leerlos o no. Lo que no está bien, en unos y en otros, es seguir regando gasolina sobre el fuego, al reaccionar violentamente sobre las opiniones del otro. Hay que bajar el tono porque, de lo contrario, esto va a pasar de la lengua a las manos; y eso es lo peor que le puede ocurrir al Ecuador en estos tiempos de terrible drama y crisis. 

Dejemos de usar el espejo del Diablo.

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