Por: Macarena Orozco / @MacaOrozco3

Quito, 06 nov (La Calle). – El 25 de octubre del 2020, la ministra de Gobierno, María Paula Romo, subió un video a su cuenta oficial Facebook, aludiendo a los hechos ocurridos durante el paro nacional en Octubre del 2019. En él, la ministra señala que, entre muchas otras causas, su cuarto juicio político responde a una venganza por parte de los líderes sentenciados por el paro nacional.

“A algunos además les molesta que frente a este episodio y esta crisis haya estado una mujer […]”. Esta frase, tomada del segundo 56 del video, resulta importante porque coloca las acciones ejecutadas por la ministra del Interior en un plano discursivo coyuntural. Romo se apropia del discurso feminista lo convierte en una herramienta de propaganda política que desvía la atención del problema real.

Tomar el discurso feminista en un momento en el que los movimientos, colectivos, activistas y académicos han permitido un punto de reflexión cada vez más amplio sobre las demandas y necesidades de las mujeres resulta estratégico a la hora de reconstruir la imagen política de la ministra. Esto se debe a que las acusaciones hacia ella se reducen a un aparente ataque colectivo que se realiza por el hecho de ser mujer. Si se piensa desde una perspectiva teórica, el que las mujeres sufran ataques por ser mujeres tiene en efecto un punto de discusión.

Participación política de las mujeres

La participación de las mujeres en la esfera social está condicionada. La paridad de género en el trabajo o en la vida política no implica necesariamente una participación real y las cifras responden únicamente a términos cuantitativos. Es decir, las mujeres no opinan, no deciden y por lo tanto no legislan.  

Si investigamos cuántas mujeres ocupan cargos políticos en el Ecuador, las cifras arrojan que el 17,4 % de las prefecturas las ocupan mujeres; en el 8,1%% de las alcaldías hay una mujer a cargo y el 38% de la Asamblea Nacional está conformado por mujeres. Estas cifras muestran un problema de género, en cuanto a la participación política de las mujeres en el Ecuador. Por lo tanto, resultaría factible pensar que la ministra de Gobierno forma parte de ese problema.

¿María Paula Romo está bajo ataque por su condición de mujer?

El 16 de diciembre del 2019, en un artículo del diario El País, la escritora ecuatoriana María Fernanda Ampuero dijo. “En Ecuador tenemos una Ministra del Interior. La critican mucho. La llaman fascista. Pero a pesar de todo lo que se destruyó, no sacó tanques como si creo, perdón, que hubiera hecho un hombre. No cayó en esa cosa visceral de ‘los matamos ahorita’. Respiró y se lo pensó.”

Esta corta declaración sirve de ejemplo para entender cómo se busca minimizar, a través de un tema de género, la respuesta violenta de la ministra durante el Paro Nacional de 2019. En el mismo video María Paula Romo dice “Aún no sé yo ni ellos tampoco, si me enjuician porque la policía actuó con mucha fuerza o con poca fuerza […]”. Durante las manifestaciones, desde la Caja del Seguro del IESS, parque El Ejido y parque El Arbolito hasta el Centro Histórico se colocó un cerco policial impenetrable, se solicitó ayuda de los militares, agentes metropolitanos y vehículos blindados. Se utilizaron bombas lacrimógenas caducadas y perdigones.

Las zonas de paz como la Casa de la Cultura Ecuatoriana y las Universidades, que se colocaron como centros de acogida para mujeres y niños, recibieron ataques en más de una ocasión.  

La represión por parte de la policía durante los 11 días de Paro Nacional dejó como resultado ocho fallecidos, 1.350 heridos y 192 detenidos entre los que estaban menores de edad. Según la
Defensoría del Pueblo, varias de estas muertes se deberían al uso excesivo de la fuerza por parte de la Policía Nacional.

Ejercicio de la violencia

La violencia es un problema estructural, la pueden ejercer también por las mujeres y puede, a su vez, responder a una lógica patriarcal. El machismo también puede ejercerse y perpetuarse a través de las mujeres cuando estas nos son conscientes de que sus acciones vulneran a otras, otrxs y otros.

La violencia está presente dentro de las instituciones gubernamentales y los proyectos políticos que invisibilizan las demandas de las mujeres como la eliminación de la brecha salarial o el derecho al aborto. Recordemos lo sucedido en el año 2013 cuando Paola Pabón presentó una moción para la legalización del aborto en casos de violación.

Tras la moción, el entonces Presidente del Ecuador, Rafael Correa, amenazó con renunciar si el bloque de Alianza País persistía en la idea. Días después, Pabón retiró el proyecto.

La situación actual  no dista mucho de la de hace siete años. Resulta poco creíble que la ministra Romo represente la lucha de las mujeres mientras trabaja para un gobierno que a finales de 2019 e inicios de 2020 redujo el presupuesto para atención a víctimas de violencia de género con un recorte de aproximadamente el 80% del presupuesto estimado. Además, vetó el Código Orgánico de Salud basándose en argumentos morales y con tintes religiosos.

Responsabilidad política

María Paula Romo no está bajo ataque por ser mujer, pues este juicio político cuestiona la acciones del Ministerio del Interior, el uso de material bélico caducado y el excesivo uso de la fuerza policial. No se cuestiona su participación como mujer, su posición política; sus escasos o nulos avances en materia de mujeres, salud, educación y trabajo no están en cuestionamiento.

Se cuestiona la violencia.  Sin embargo, esta apropiación y vaciamiento del discurso feminista y la lucha de las mujeres no es nuevo. En más de una ocasión ha servido como plataforma política y en más de una ocasión las necesidades de las mujeres se han puesto de lado. Hace poco en un tweet, una de las figuras “feministas” de la política ecuatoriana dijo que María Paula Romo es una giganta en el país de los enanos. Probablemente María Paula Romo es la voz de la violencia en el país del silencio.  

Hay una frase bastante conocida de Simone de Beauvoir que dice “No se nace mujer, se llega a serlo”. Quizás se le debería agregar algo así como “No se es feminista por ser mujer, se llega a serlo”.  El feminismo es un trabajo diario y extenuante, pues entre las muchas reflexiones que se obtienen desde y para las mujeres, está la certeza de que el feminismo no puede prestarse a los beneficios personales de políticos de turno.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *