Ramiro Aguilar / El solitario Andrés
Ramiro Aguilar T
Ramiro Aguilar

Constitución e institucionalidad, en los países tropicales, son solo palabras. Existen en su formalidad para pasar el test de civilidad que impone el orden mundial. Y tampoco es que el Orden Mundial tenga expectativas muy altas respecto del cumplimiento de la Constitución o de la fortaleza institucional de las naciones tropicales. Es más, cuando la globalización y el crédito internacional llevan a los países del Primer Mundo a realizar negocios con los países periféricos, la cláusula de rigor es someterse a jurisdicción extranjera. Ni loco un inversionista de alto estándar se arriesgaría a que sus controversias comerciales o financieras sean dirimidas por los jueces de los trópicos o se sometan a leyes que cambian de un día para otro.

La periferia en tiempos de los romanos se llamaba barbarie

En otras palabras, a los bárbaros – aquellos pueblos donde no imperaba el Derecho o la autoridad Imperial, había que tolerarles cualquier cosa. Beber en el cráneo del enemigo, el incesto, la ausencia de palabra, la traición, la cobardía o la brutalidad.

La línea divisoria entre la civilización y la barbarie ha sido fijada – desde el imaginario norteamericano – al sur del Río Grande. Cormac McCarthy en Meridiano de sangre, pone en boca del capitán White: “En México no hay gobierno. Qué diablos, en México no hay Dios. Ni lo habrá nunca. Nos enfrentamos a un pueblo manifiestamente incapacitado para gobernarse. ¿Y sabes lo que ocurre con el pueblo que no sabe gobernarse? Exacto: Que vienen otros a gobernar por ellos”.

Ambrose Bierce escribió a su hermana: “Si oyes que me pusieron contra un muro de piedra mexicano y me despedazaron a tiros, piensa que creo que es una buena manera de dejar la vida. Evita la ancianidad, las enfermedades o el riesgo de rodar las escaleras de la bodega. Ser gringo en México: ¡eso sí que es eutanasia!”.

El fino humor de Jorge Luis Borges captó la ironía de manera muy elegante y en su Historia Universal de la Infamia escribió: “Billy the Kid: el jinete clavado sobre el caballo, el joven de los duros pistoletazos que aturden el desierto, el emisor de las balas invisibles que matan a distancia, como una magia. (…) El casi niño que al morir a los veintiún años debía a la justicia de los hombres veintiuna muertes – “sin contar mejicanos”. 

¿A qué viene este cuento?

Cada día que uno se despierta en Ecuador, se siente en un país de bárbaros, casi la selva. Cada noticia que uno lee es como suelen decir las guayaquileñas de sepa, un parto de los montes.

La semana que decurre tiene como ejes noticiosos los siguientes: a) Quiebra del Instituto de Seguridad Social de la Policía; b) Aparente descalificación del binomio Aráuz/Correa y el impedimento para que Centro Democrático pueda sustituir a Correa por Rabascal en el binomio presidencial, c) Veto total al Código Orgánico de la Salud por razones religiosas; y, d) La ñisca que suele salir de la boca de los Bucaram contra el que asome.

En ese mismo orden, hagamos la autopsia de la barbarie

Es impresentable que la Seguridad Social de la Policía haya hecho negocios por cientos de millones de dólares en inversiones de alto riesgo y con empresas de papel, sin que la Superintendencia de Compañías haya prendido las alertas. Miles de millones de dólares en papeles cohete fueron vendidos a la cesantía de la policía por la más rancia oligarquía guayaquileña incluida, por supuesto, su famosa Bolsa de Valores.

Desde al menos septiembre de 2018, el órgano de control sabía del problema de las inversiones del ISSPOL y se hizo de la vista gorda. No hay que olvidar jamás que sentado en esa función de control está uno de los designados por ese ñato audaz que fue Julio César Trujillo. ¿Dónde está la barbarie? En que son cientos de millones de dólares que ahora son solo un asiento contable. Mientras la policía repartía garrote en la represión, el gobierno que la ordenó, evaporaba sus fondos de pensión. ¡C’est la vie!

En una Democracia nada es más normal que inscribir un candidato, hacer que los ciudadanos voten y respetar ese resultado. Pero acá, en los trópicos, llevamos casi un mes discutiendo si el Consejo Nacional Electoral va a permitir o no la inscripción del binomio Aráuz/Rabascal. ¿Dónde está la barbarie? En que las elecciones del 2021 parece que se van a dar con los candidatos que el albacea del poder que se llama Guillermo Lasso quiera.

En el Ecuador el embarazo adolescente es un problema de salud pública.

El aborto es punible salvo que esté en grave riesgo la vida de la madre o que el embarazo sea el resultado de violación a una mujer que padezca discapacidad mental; no obstante ser un problema de salud pública, siempre que se debate el aborto en el poder Legislativo, salen las beatas, los pastores, los numerarios, en fin, toda la feligresía a darse golpes de pecho. Y el problema de salud pública sigue ahí, nadie lo resuelve. ¿Dónde está la barbarie? En que se permita el aborto solo cuando la violada sea una mujer que tenga discapacidad mental. ¿Se cuida la vida del que está por nacer? No. Se cuida que no se degenere la especie. ¡Es de locos!

Para terminar nuestro paseo por las regiones bárbaras, ha caído preso Jacobito, lo cual, hasta para las crónicas marcianas, ya era hora. Con su casco antibalas como hombre bala de circo tropical, Jacobito fue trasladado a la cárcel de Latacunga un día después de que él mismo, con su acostumbrada inteligencia, negara que estaba en Medellín como lo informaron medios colombianos. Hasta aquí nada más que crónica roja. Lo bárbaro es que su padre Abdalá Bucaram, sin prueba alguna, en un tuit, haya dicho que el ex vicepresidente Otto Sonnenholzner fue responsable de actos de corrupción durante su gestión; y que hasta el ex Presidente Correa, haya hecho eco de semejantes afirmaciones.

Un país de los trópicos donde parece que nombraron embajador de los Estados Unidos al capitán White de McCarthy; por lo que no me extrañaría que en los corrillos de la embajada, alguien dijera: los ecuatorianos no saben gobernarse, vamos a gobernar por ellos, pero para nosotros.

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