Ivette Celi Piedra
Ivette Celi Piedra

Las puertas se abrieron y el ministro de Cultura y Patrimonio, con evidente orgullo, comenzó a mostrar al presidente de la República y a su esposa la nueva Biblioteca Nacional Eugenio Espejo. Las cámaras enfocaron el ingreso de la nueva sede y una señorita comenzó a guiar a las autoridades.

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©Gobierno del Ecuador

Así fue como el pasado jueves 24 de septiembre el Ministerio de Cultura y Patrimonio dio por inaugurada la Biblioteca Nacional del Ecuador. Varios libros del fondo antiguo jesuita (un fondo de 8.891 libros) se habían dispuesto sobre unas mesas vestidas con manteles azules para dar mayor realce al evento. En resumidas cuentas, la Biblioteca Nacional se redujo a una exhibición muy modesta de “las joyas” del fondo antiguo, al que el propio ministro se refirió como el corazón de la Biblioteca Nacional.

No hubo bibliotecarios, ni investigadores. No hubo escritores ni tampoco especialistas de renombre que pudieran validar la gestión del Ministerio y asumir técnicamente la responsabilidad de la reapertura. Por el contrario, las cámaras capturaban al ministro notoriamente nervioso y desubicado; al presidente y su esposa un tanto sorprendidos por la calidad del montaje expositivo y al silencioso alcalde de Quito que miraba, posiblemente con horror, los libros antiguos colocados el altar de la capilla en la que se recibió a los visitantes.

De la existencia de la Biblioteca Nacional

La Biblioteca Nacional inició como Biblioteca General en 1792, antes de la creación de la República. Mediante un documento fechado el 23 de mayo se realizó la Entrega que hace el Director Gral. De Temporalidades… al Doctor Don Eugenio Espejo de orden del Señor Presidente, Gobernador y Comandante General Don Luís Muñoz de Guzmán.

No existe Decreto Ejecutivo de la Creación de la Biblioteca Nacional; sin embargo, la denominación de la Biblioteca Pública como “Biblioteca Nacional” se introdujo a inicios de la República, siendo el primero en utilizarla el presidente Vicente Rocafuerte en su Informe a la Nación en 1838: “Se ha recompuesto y arreglado la Biblioteca Nacional” (Archivo del Congreso. mensaje e Informes 1839).

La Biblioteca Nacional fue nombrada como tal por primera vez en el decreto de Gobierno Provisorio de Gabriel García Moreno en 1859. En su artículo 1º decreta “La Biblioteca Nacional y el Museo quedan incorporados a la Universidad Central de la República, conservando el mismo carácter de establecimientos públicos”.

Una condición errante

La ausencia de voluntad política y el nulo interés de las autoridades de los gobiernos de turno sobre el destino de la Biblioteca Nacional hicieron que  su condición sea errante durante muchos años, y hasta la actualidad.

En 1859 se incorporó a la Universidad Central; luego, en 1862 se volvió a encargar su cuidado a la comunidad Jesuita; en 1883 Plácido Caamaño ordenó que los fondos de la Biblioteca de la Universidad Central sean fundidos con los de la Biblioteca Nacional y se trasladen sus respectivos inventarios.

En 1979 fue trasladada al antiguo Banco Central del Ecuador (actual Museo Numismático); 1974 Guillermo Rodríguez Lara pasó la administración de la Biblioteca Nacional a la Casa de la Cultura Ecuatoriana; en 1983 se trasladó al edificio de los espejos de la CCE donde permaneció hasta el 2020.

En 1903 pasó a ser administrada por la Academia Ecuatoriana de la Lengua; fue trasladada al Colegio San Gabriel en el Centro Histórico de Quito. A partir de 1920 pasó a depender del Ministerio de Educación; posteriormente, en 1922 se adquirió el edificio Coliseum en la plaza de San Blas y los fondos fueron trasladados allí.

En la actualidad un nuevo comodato con el Municipio de Quito permitió la entrega del Centro de Convenciones Eugenio Espejo, para que sea la nueva sede de la Biblioteca Nacional.

Uno de los datos importantes es que en 1987; con la Ley de Fomento al Libro, se dispone a la Biblioteca Nacional asumir el rol de Depósito Legal del Autor Ecuatoriano. Años más tarde en 1995, en el gobierno de Sixto Durán-Ballén, se desconoció esta Ley y se expidió la Ley de la Biblioteca Ecuatoriana Aurelio Espinosa Pólit, dándole la categoría de Depósito Legal.

De los fondos bibliográficos

La Biblioteca Nacional cuenta con uno de los acervos bibliográficos más importantes de América Latina con más de 300 mil ejemplares, distribuidos en: fondo jesuita, biblioteca general, hemeroteca, fondo de autores ecuatorianos (edición príncipe), entre otros. Únicamente el fondo jesuita posee 12 libros incunables. Este número de volúmenes es mayor si se consideran los fondos dispersos en la Universidad Central del Ecuador; la Biblioteca Ecuatoriana Aurelio Espinosa Pólit; el Archivo Histórico Nacional y el Colegio Nacional Mejía.

De los intentos por rehabilitar y modernizar la Biblioteca Nacional

En los últimos años, varios fueron los intentos por transformar la situación de la Biblitoeca Nacional. En estudio técnico y especializado dio paso a la aprobación del Sistema Nacional de Bibliotecas en 2011, gracias al cual se expidió el Decreto Ejecutivo No. 985 que transformó a la BNEE en Entidad Operativa Desconcentrada del Ministerio de Cultura.

Sin embargo, meses más tarde el presidente de la CCE presentó una acción de inconstitucionalidad que dejó sin efecto los artículos 7 y 9 del Decreto, en los que se le otorgaba a la Biblioteca Nacional su autonomía.

La inestabilidad del Ministerio de Cultura -13 ministros en 12 años- ha determinado un estancamiento en la implementación del Sistema Nacional de Cultura y, por supuesto, en el Sistema Nacional de bibliotecas (SINABE). Pese a que en 2013 se presentó un proyecto integral de renovación de la BN y existía la voluntad política para su financiamiento. Tampoco fue ejecutado por desacuerdos entre la Casa de la Cultura y el ente rector.

Fotografías de archivo

A fines del 2015 la Biblioteca Nacional, junto a otros repositorios como el Museo Nacional del Ecuador fueron cerrados para dar paso a la Conferencia Mundial Hábitat III. Esto hizo que la reapertura de los repositorios tardara casi tres años. En el caso de la Biblioteca Nacional, las discrepancias sobre su administración se intensificaron dilatanto aun más su apertura. 

Con la aprobación de la Ley Orgánica de Cultura en 2016 y su reglamento en 2017, la Biblioteca Nacional finalmente se convirtió en Entidad Operativa Desconcentrada del MCYP; pero la aplicación de la norma no tuvo efecto ni en la disponibilidad de recursos económicos para su implementación. Tampoco en el ejercicio de rectoría del Ministerio de Cultura con respecto al espacio de la CCE, cuyo presidente ordenó el desalojo del a Biblioteca Nacional.

Dichos desacuerdos y disputas por la Biblioteca han sido un dilema permanente que ha afectado la toma de decisiones para que Ecuador logre tener un repositorio digno y representativo. A eso se suma la falta de criterio técnico con que las autoridades han tratado a las bibliotecas públicas a nivel nacional.

No hay que olvidar que este gobierno, por disposición del Ministerio de Educación, eliminó el Sistema Nacional de Bibliotecas Escolares (SINAB) vulnerando el derecho de acceso a la información de miles de estudiantes.

De la expectativa a la falsa inauguración

El equipamiento, traslado e implementación de los servicios de una Biblioteca son actividades técnicas muy complejas; sobre todo cuando hablamos de la Biblioteca Nacional, que es la cabeza de la Red y el Sistema Nacional de Bibliotecas, de acuerdo a la Ley Orgánica de Cultura.

Una Biblioteca Nacional no es una bodega de libros; es la institución en la cual se deposita, acopia, preserva y difunde el patrimonio bibliográfico del país. Está integrada por colecciones únicas e históricas, contiene primeras ediciones de autores ecuatorianos (denominadas príncipe).

Es el deposito legal de obras, impresas o producidas en otros soportes, sobre en el país registrando y constatando los derechos de autor. Es el referente simbólico del conocimiento escrito de una nación que incide en la importancia de sus acervos.

Por ello, la responsabilidad del Estado recae en otorgar el contingente legal, económico, técnico y político para que se cumpla con el deber ser de este repositorio nacional. El nuevo traslado del acervo bibliográfico de la Biblioteca Nacional pone en riesgo su fragilidad institucional, pero sobre todo destruye la memoria bibliográfica del país.

Previo al traslado de la biblioteca debían existir al menos 7 consideraciones fundamentales:

1. Levantamiento estructural y arquitectónico de la nueva sede;
2. Disposición espacial y adaptación de sistemas eléctricos, de seguridad, climatización y accesos;
3. Elaboración de proyecto de ejecución definitivo, ejecución e implementación (obra civil, mobiliario, nuevas tecnologías, áreas de circulación, señalética, etc.);
4. Embalaje de acervos (contenedores individuales en el caso de fondo antiguo y ediciones Príncipe);
5. Pólizas de seguro;
6.Transporte especializado y
7. Ubicación de los fondos bibliográficos y habilitación de los servicios de la biblioteca.

Ninguna de estas consideraciones fue tomada en cuenta por el ex ministro Velasco y su equipo cercano. La Biblioteca Nacional Eugenio Espejo no se encuentra habilitada al público, así como tampoco hemos visto los espacios con los que cuenta. Ni siquiera una sala de lectura, reprografía, o el área de procesamiento técnico. Lo único que nos han mostrado son las mesas con manteles y un archivador en el que se colocaron, de forma anti técnica, los libros del fondo antiguo.

No está por demás en insistir que en la era de la globalización tecnológica, las bibliotecas deben ir a la vanguardia; pues el tránsito hacia una sociedad del conocimiento inteligente va de la mano de la interconectividad.

Al ser la Biblioteca Nacional cabeza de la Red y el Sistema de bibliotecas, debe contar con una plataforma tecnológica que le permita lograr esa interconexión y gestionar la información digital -prestamos, adquisiciones, redes de información- en todas las bibliotecas del territorio nacional y en sus similares en el mundo.  

Las responsabilidades

La candidatura del ex ministro Juan Fernando Velasco hizo que se montara un circo espantoso y vergonzoso alrededor de la falsa apertura de la Biblioteca Nacional; allí está la principal responsabilidad. El uso descarado de los bienes públicos y del patrimonio cultural del país, ha servido para posicionar su candidatura política.

La segunda responsabilidad recae en las autoridades de la Casa de la Cultura Ecuatoriana al no permitir la rehabilitación del espacio en el que funcionaba la Biblioteca Nacional y ordenar el desalojo de los acervos, a sabiendas del riesgo que hoy lamentamos. Las disputas, la inestabilidad institucional y las cuotas políticas han provocado terribles e irreparables daños a los repositorios nacionales.

Finalmente, la incapacidad del gobierno lleva una gran parte de responsabilidad en este desastre. Es lamentable que la cultura sea usada para el interés político personal.

El paso de Juan Fernando Velasco, y muchos otros, por el Ministerio de Cultura como cuotas políticas, únicamente revela la anomia del Estado.

Un Estado donde la memoria, la creación y el fomento de las prácticas culturales han quedado sepultadas por la indolencia inoperancia de la clase política ecuatoriana y por una sociedad que poco a poco va perdiendo su identidad.

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