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Unión Ecuatoriana o el mercado libre de la política (opinión)

Por: Ramiro Aguilar Torres / @ramiroaguilart

Hace un par de meses escribí un artículo donde alertaba al Ecuador sobre el tráfico de candidaturas. Realmente el país es creativo para la corrupción; y ha llegado al punto de comercializar ilícitamente con los derechos de Participación, uno de los cuales, es el derecho de toda persona a ser candidata; y, por ende, a ser elegida.

El movimiento político Unión Ecuatoriana, listas 19, acaba de desentenderse de su candidato presidencial señor Giovanny Andrade acusándole de falta de probidad por haber mentido en su currículo académico; y de haber plagiado vergonzosamente el plan de gobierno de la Wikipedia. Por su parte el candidato Andrade puso en evidencia que la gente de Unión Ecuatoriana le pidió un aporte económico; y que después de la inscripción de su candidatura presidencial la dirigencia le llamaba a cobrar todos los días.

Como este asuntillo es tufoso y de mal ver; la cosa ha pasado de agache. Otra vez el Ecuador, como los gatos, enterrando sus excrementos y haciéndose el disimulado.

En un país éticamente normal, con cánones cívicos esta ambigua relación entre Unión Ecuatoriana y Andrade habría motivado no solo la descalificación del candidato sino la del propio partido, que lejos de ser un actor democrático se puede haber convertido en un cartel político.  La ley electoral ecuatoriana dice que las candidaturas son irrenunciables e inexorables. Una vez calificado por el CNE, aunque el candidato muera antes de la elección, no sale de la papeleta y he visto casos en que un muerto tiene más votos que los vivos.

Ahora bien, surgen algunas preguntas inevitables en torno al affaire Unión Ecuatoriana/ Giovanny Andrade. ¿Por qué una persona “aporta” dinero para ser candidato en un escenario político donde a todas luces va sacar menos del 1% de votos? ¿Es legal cobrar por las candidaturas? ¿Debe mantener el CNE en el registro electoral a un movimiento político cartelizado?

Si, Washington Pesantes puede ser considerado el dueño del partido Unión Ecuatoriana; pero ¿Puede un movimiento o partido político ser considerado parte del patrimonio de una persona?

“La estructura de los partidos se caracteriza por su heterogeneidad. Con el mismo nombre se designan tres o cuatro tipos sociológicos diferentes por sus elementos de base, por su armazón general, por los lazos de dependencia que se anudan, por las instituciones dirigentes. El primero corresponde más o menos a los partidos “burgueses” del siglo XIX. (…) Descansan en comités poco extensos, bastante independientes unos de otros, generalmente descentralizados; no tratan de multiplicar sus miembros ni de enmarcar grandes masas populares. (…) Los partidos socialistas de la Europa continental tienen una estructura diferente, que descansa en abarcar masas populares lo más numerosas que sea posible. Encontramos en ellos, pues, un sistema de afiliación preciso, completado por un mecanismo de cotizaciones individuales muy riguroso, sobre el que se apoyan esencialmente las finanzas del partido (que se basan más bien en donaciones y subvenciones de algunos capitalistas -comerciantes- empresas industriales, bancos, etc.”. (Maurice Duverger, 1951)

Una cosa es que la militancia financie al partido y otra muy diferente que el partido constituya una fuente de financiamiento de la militancia o de la dirigencia mediante la venta de candidaturas. Esta cuestión es más que retórica. Una persona que compra una candidatura a un partido político ve el ejercicio de sus derechos políticos como un emprendimiento, un negocio del cual extraer ganancias futuras una vez que llegue a ganar la elección. Vuelvo a la pregunta recurrente: ¿Qué beneficio obtiene una persona pagando para ser candidato sabiendo que no va a ganar la elección?  El ego sería una respuesta plausible; pero hay otras alternativas más aterradoras.

Un Estado fallido es un botín para los carteles.  Un Estado al servicio de oscuros intereses delictivos es el sueño de los grandes capos. La toma de posesión de ese Estado debe ser lenta, pausada, silenciosa. La cabeza de puente bien puede ser un partido político. Siembre cuadros políticos en las candidaturas y algún día cosechará dirigentes del Estado.

Por eso el sistema de partidos en Ecuador debe cambiar lo más pronto posible. No podemos permitir que se cartelicen los partidos políticos porque es el primer paso a la cartelización del Estado. 

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