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EL OTRO CAMINO | Opinión

Por: Ec. Marco Flores / @MARCOAFLOREST

Una inédita inseguridad ciudadana se ha sumado a la pobreza que sigue siendo el problema mayor de los ecuatorianos con todas sus graves extensiones recayendo sobre su educación, salud, nutrición, vivienda, seguridad social y servicios públicos, es decir, sobre su calidad de vida y posibilidades efectivas de progreso. Es que la pobreza no es solo falta de ingresos suficientes sino de oportunidades efectivas para atender todos esos componentes de calidad de vida. El viejo camino de las políticas económicas desde hace 40 años nunca resolvió esos problemas.

El ingreso real per cápita no solo que ha retrocedido al nivel de hace 10 años sino que la capacidad adquisitiva de cada ecuatoriano medida en paridad de poder adquisitivo (PPA) es la más baja de la región. En un reciente informe la FAO dice que 2.7 millones de ecuatorianos no tienen acceso a alimentos y literalmente están muriendo de hambre. Son los que nacen pobres y mueren pobres, aquellos que sin capacidad de ahorro hacen que la pobreza se transmita de una a otra generación.

Los indicadores económicos y sociales muestran inestabilidad económica e insuficiente crecimiento, tanto que entre los años 2017 a 2022 el crecimiento anual promedio del PIB fue apenas 0,9 %, mientras la ecuación de desempleo más subempleo atrapa al 67 % de la población económicamente activa que quiere trabajar, puede trabajar y busca trabajar.

Las cifras son de escándalo

Según el último informe del INEC sufren pobreza por ingresos el 25,0 % y pobreza extrema el 10,7% de una población total de 18 millones de ecuatorianos. El 39,2 % de la población total vive en pobreza multidimensional bajo las graves privaciones y carencias de los pobres. En la población rural los porcentajes se duplican. Una persona es pobre por ingresos si percibe un ingreso familiar per cápita inferior a 2,92 dólares diarios y pobre extremo si percibe menos de 1,65 dólares diarios.

El fondo de las Naciones Unidas para la Infancia UNICEF señala que en Ecuador la desnutrición crónica infantil afecta al 27,2% de los niños menores de dos años y que este problema no solo repercute en la productividad del país sino que causa grave impacto en la salud, desarrollo y capacidades a lo largo de toda la vida de los niños.

La mezcla de mala economía y pandemia COVID fue terrible para los ecuatorianos y una vez más el viejo camino seguido para conducir el Estado y la economía ni mínimamente resolvio sus principales problemas sociales y económicos. Especialmente desde hace 6 años la aplicación de principios neoliberales asociados a la «receta única» de letal «austeridad» y al fetiche del «Estado mínimo», no solo no los resolvieron, sino que como es evidente los profundizaron, agravando los daños en servicios públicos, crecimiento, informalidad, inequidad, seguridad y pobreza.

Frente a la izquierda anacrónica, ineficiente y opresora, frente al capitalismo salvaje con toda su destructiva avidez, codicia e inequidad, hay otro camino. Es el camino amigable con la vida y el planeta que que toma lo mejor del avance de la humanidad para construir una alternativa de Gobierno, solidaria pero a la vez eficiente, competitiva y productiva para crear crecimiento y progreso compartido.

¿Cuál debe ser el camino?

Es el camino para combatir con eficacia la pobreza y transitar hacia la prosperidad. Es el camino que comienza por eliminar del Gobierno los intereses económicos en conflicto y sustituirlos por los principios que rigen el bien común. Es el camino que rechaza dogmas y fanatismos para apoyar con inversión pública un crecimiento económico sostenible y sustentable que tiene orientación y dirección.

Es el camino que propicia la justa participación del mercado y del Estado. Que corrige los excesos del Estado y los abusos del mercado, que utiliza la inversión pública para que las familias prosperen. Es el camino que comprende que no puede haber desarrollo económico si no mejora la calidad de vida de la gente. Que no habrá paz si no hay justicia social.

El otro camino no deprime la economía. La reconstruye sin trasladar el peso del «ajuste» a las familias pobres ni a la clase media. Es el camino que también debe reconstruir la institucionalidad y la vigencia real del Estado de Derecho, garantizando a los ciudadanos seguridad jurídica y respeto. Es el camino en la coyuntura y en la perspectiva.

El otro camino es aquel donde los equilibrios macroeconómicos no son un fin en sí mismos sino medios útiles para alcanzar objetivos superiores. Un camino donde pragmáticamente se aplica lo que sirve al bien común, venga de donde venga, libre de recetas talla única que ignorando las realidades sociales de los pueblos, impiden alcanzar crecimiento económico, compartido y suficiente, oprimen a la gente, profundizan la inequidad y perennizan la pobreza.

El camino de la decencia…

Es el camino que sin fetiches combina responsabilidad fiscal con crecimiento económico, privilegiando políticas públicas que favorezcan a todos los ciudadanos, especialmente a los pobres y vulnerables. Es el camino que prioriza el destino y buen uso de los recursos del Estado, protege la vida y el planeta, genera crecimiento suficiente y buen empleo, permite ofrecer salud y educación, seguridad social y ciudadana, con el objetivo de mejorar la calidad de vida de las personas.

No es un camino de mentes lentas, ni de élites, ni para élites, tampoco pone en venta la Patria. Es un camino definido con solidaridad, decencia, conocimiento, ilustración y experiencia, sin intereses económicos en conflicto, construido desde el bien común y orientado hacia el bien común, una alternativa socialmente justa y económicamente eficiente para que realmente funcione y sirva a la gente, un acuerdo que junte los mejores equilibrios entre el estado, el mercado y las familias, un camino sin prisiones mentales para ofrecer progreso y paz.

Es el camino que rechaza las formas de parecer y no ser, de ofrecer y no cumplir, de mentir y negar, de encender velas para Dios y el diablo. El otro camino no solo es posible, también es imprescindible, pero requiere vencer la resignación y escoger a los hombres y mujeres necesarios para construirlo y transitarlo junto con la gente.

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