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Golpe de estado en Chile: 49 años después

Quito, 11 sept (La Calle). – El 11 de septiembre suele estar asociado con el ataque a las Torres Gemelas en Nueva York en 2001. Sin embargo no es lo único que sucedió en un día como hoy. En 1973, hace 49 años, en Chile ocurrió un golpe de Estado que derrocó el gobierno democrático de Salvador Allende e instauró una dictadura que duró hasta 1990.

 La dictadura militar con Augusto Pinochet a la cabeza dejó 40.175 víctimas calificadas oficialmente, entre detenidos desaparecidos, personas que sufrieron persecución política y tortura a lo largo de Chile, según las comisiones de verdad.

Es tanta la influencia del período militar que Chile aún mantiene la constitución de 1980 expedida por Pinochet. A pesar de la redacción de una nueva carta magna, en la consulta, la mayoría de chilenos (62%) rechazó la nueva constitución.

Se apagó una voz

Ese 11 de septiembre, la voz de Pinochet no se escuchó públicamente. Estaba apostado en el Comando de Telecomunicaciones del Ejército coordinando los pasos que seguirían los golpistas para derrocar el gobierno socialista de Salvador Allende.

A través de cadenas radiales, los uniformados comunicaban sus decisiones a la ciudadanía por medio de bandos leídos por voceros y mandos medios. Una diferencia con Salvador Allende, que habló varias veces antes de su muerte.

Anuncio del golpe

La primera confirmación oficial de que algo estaba sucediendo fue transmitida a la ciudadanía a través de Radio Corporación por el propio Salvador Allende, quien había llegado al palacio de La Moneda cerca de las 7:30 de la mañana.

Alertado de la situación, el mandatario -que había intentado inútilmente contactarse desde su residencia con los jefes castrenses- llamó a los chilenos a mantener la calma y ocupar sus puestos de trabajo y aseguró que se mantendría en su puesto.

Los militares piden la renuncia de Allende

Apenas media hora después, a las 8:30 de la mañana, y mientras bombardeaban y allanaban las instalaciones de los medios que apoyaban a la Unidad Popular, UP, las Fuerzas Armadas y Carabineros emitieron su primer bando, expresando que estaban unidos en la misión de «luchar por la liberación de la patria del yugo marxista» y exigiendo la renuncia de Allende.

Allende se niega

Luego del llamado de los militares, Salvador Allende volvió a dirigirse a chilenos para reiterar que no abandonaría el palacio de La Moneda y hacer una crítica a los soldados que participaban en el levantamiento.

En su intervención, el mandatario reiteró su decisión de defender la democracia, incluso a costa de su vida y alabó la actitud del director general de Carabineros titular, José María Sepúlveda, quien se encontraba junto a él en La Moneda.

Poco después de las 9 de la mañana, la Central Unitaria de Trabajadores pidió la ocupación de puestos de trabajo, fábricas e industrias con miras a resistir a los militares y defender el gobierno de Salvador Allende.

El último discurso

Consciente de que La Moneda sería atacada y radio Magallanes, cuyos estudios se ubicaban a pocas cuadras de La Moneda, era la única emisora afín a la UP que seguía transmitiendo, Allende llamó a su director, Guillermo Ravest, y le pidió que lo sacaran al aire inmediatamente.

«No hay tiempo que perder», lo apuró.

Minutos después de las 9 de la mañana, tres horas antes del bombardeo a La Moneda, Salvador Allende emitió sus últimas palabras y anunció su disposición a morir como Presidente de Chile.

Arde La Moneda

Una vez que los militares plantearon un ultimátum anunciando el bombardeo de La Moneda, Allende pidió una tregua para que pudieran salir las 11 mujeres que se encontraban en el recinto, incluida su hija Beatriz.

Los tanques completan el cerco al palacio de gobierno y quienes permanecen junto a Allende lo instan a abandonar el recinto.

A las 11:50 de la mañana los aviones Hawker Hunter del grupo 7 de la Fuerza Aérea chilena comienzan el bombardeo. Se inicia el incendio y el segundo piso resulta parcialmente destruido.

Es uno de los momentos más dramáticos de la jornada.

El suicidio de Allende

Mientras La Moneda arde en llamas, el general Javier Palacios avanza hacia el palacio en medio de la acción de francotiradores que defienden al gobierno.

Allende, que lleva casco y porta un fusil, ordena después de la 1 de la tarde, la rendición y salida de quienes aún lo acompañan.

El presidente se despide de sus colaboradores, que avanzan en una columna hacia la puerta de La Moneda en calle Morandé 80, donde se entregan a los militares.

Según la investigación del juez Mario Carroza, que en 2012 confirmó el suicido del mandatario, Salvador Allende ingresa al salón Independencia, en el segundo piso, «se sienta en un sofá, coloca el fusil que portaba entre sus piernas y apoyándolo en su mentón, lo acciona, falleciendo en forma instantánea».

Empieza la dictadura

La Junta Militar juró el mismo 11 de septiembre, asumiendo no sólo el poder Ejecutivo, sino también el Judicial y ordenando el receso del Congreso.

Uno a uno, sus miembros -Augusto Pinochet, comandante en Jefe del Ejército, Gustavo Leigh, de la Fuerza Aérea, el autoproclamado jefe de la Armada, José Toribio Merino, y el general director de Carabineros, César Mendoza, justificaron su acción y afirmaron haber actuado por inspiración patriótica.

El régimen militar encabezado por Pinochet duraría 17 años y dejaría al menos 40 mil víctimas -entre ellas más de 3.000 muertos-, de acuerdo al trabajo realizado por distintas comisiones tras el regreso de la democracia en 1990.

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Fuente: BBC Mundo

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