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Revive “polémica” sobre la independencia | Opinión

Por: Juan Paz y Miño

Con el propósito de conmemorar los bicentenarios del inicio de los procesos independentistas de los países latinoamericanos, se formaron distintos Comités que coordinaron acciones en Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, México, Paraguay, Uruguay y Venezuela. Fue singular que también España decidiera acompañar a esas conmemoraciones. Por entonces circularon numerosas investigaciones en libros y artículos sobre el tema de la independencia y las luchas anticoloniales que en el continente americano arrancaron en los Estados Unidos (1776) y luego en Haití (1804). En 2009 se conmemoró el bicentenario de los movimientos de Chuquisaca y La Paz en Bolivia y también de la decisiva Revolución de Quito (1808-1812) que el 10 de Agosto instaló una Junta Soberana, a la que siguió la creación del Estado de Quito y la expedición de la primera Constitución (https://t.ly/7aNPY).

La época de las Juntas, estudiada por historiadores como John Lynch o Manuel Chust, fue un punto de partida, a pesar del carácter autonomista y todavía bajo proclama de fidelidad al rey que hicieron los criollos en Caracas, Bogotá, Quito, Santiago de Chile o Buenos Aires. A diferencia de ellas, en México hubo una verdadera revolución popular en 1810. Y Venezuela fue la primera en proclamar abiertamente la independencia (1810-1811). En los distintos países la lucha duró al menos una década y finalmente América Latina fue la primera región que liquidó el colonialismo en plena era capitalista, ya que los países de Asia y África lo lograron en el siglo XX. Fue un paso histórico para la humanidad.

En los años del bicentenario fue en Ecuador donde se destapó una aguda polémica. Varios investigadores de la ciudad atribuyeron a la Revolución de Guayaquil del 9 de octubre de 1820 ser la primera en proclamar la independencia, en tanto menospreciaron la trascendencia de la Revolución de Quito. El Municipio incluso publicó un texto utilizado como historia oficial de la ciudad, en el que se engrandece la gesta guayaquileña como única en toda América Latina, al mismo tiempo que se ataca a Simón Bolívar como un despreciable militar que liquidó su independencia e incorporó manu militari la “Provincia Libre de Guayaquil” a la Gran Colombia. Esa interpretación, cultivada desde años atrás, mereció la respuesta de numerosos historiadores que advirtieron que la historia del proceso independentista de Ecuador se tergiversaba en favor de causas que tenían que ver con intereses políticos del presente (https://t.ly/sBv7f). Varios de los historiadores quiteños fueron tildados de “enemigos” de Guayaquil. Sin embargo, se trataba de visiones diferenciadas en la misma ciudad, ya que historiadores como Camilo Destruge tienen una interpretación distinta.

En todo caso, a nivel latinoamericano las fechas patrias se han establecido considerando las de inicio de los procesos independentistas y por eso las celebraciones de los bicentenarios ocurrieron a partir del año 2009. El Día Nacional de Ecuador es el 10 de Agosto, en homenaje al Primer Grito de Independencia en Quito, “Luz de América”, como lo bautizaron en Chile. También en los estudios históricos internacionales, no hay duda que la Revolución de Quito inició el proceso independentista (vale repetir: proceso) del país y una década más tarde, gracias a la independencia de Guayaquil, más el concurso de tropas y recursos nacionales y también grancolombianos y sudamericanos, se arribó a la Batalla del Pichincha del 24 de mayo de 1822 con la que Ecuador actual alcanzó su definitiva liberación.

Pero no fue solo ese el tema. En igual época se atacó y cuestionó a la Revolución Juliana de 1925, que inauguró un largo proceso anti oligárquico en Ecuador y que un estrecho círculo intelectual guayaquileño la consideró como “ignominiosa” para la ciudad, sobre todo porque sometió a la plutocracia bancaria privada y fundó el Banco Central, institución a la cual la oligarquía procuró controlarla o suprimirla (https://t.ly/CJq8C ; https://t.ly/U56SX)

En definitiva, a esas alturas se contaba con una revisionista y sólida ideología histórica sobre Guayaquil, que se evidenció como una interpretación aprovechable a los intereses de la élite económica más poderosa de la ciudad, que mantuvo el control de su alcaldía desde 1992. No fue simple coincidencia que en los mismos años del festejo bicentenario aparecieran posturas separatistas, que utilizaban el “Guayaquil independiente” como consigna para erigir una ciudad-Estado, bajo la guía de lo que en sus círculos denominaban “proyecto Singapur”. Con el inicio del gobierno de Rafael Correa en 2007, al reunirse la Asamblea Constituyente y discutirse la nueva Constitución, las élites del dominio local plantearon la idea de “dos sistemas, un solo país”, con la que buscaron garantizar lo que llamaban “modelo exitoso” de la ciudad, inspirado en un sui generis neoliberalismo regionalista. No lo lograron.

Desde aquellos años las polémicas de carácter propiamente histórico parecían quedar en los círculos académicos. Sin embargo, el pasado 16 de mayo el Concejo Municipal de Guayaquil resolvió cambiar de nombre a un tramo de la calle “10 de Agosto” para denominarla “República de Guayaquil” (https://t.ly/TMvlv). Ha debido salir al paso la Academia Nacional de Historia para dejar en claro: “este nombre de ‘República de Guayaquil’, no tiene el menor fundamento de carácter histórico y tiende a erradas interpretaciones, fomentando a su vez división o regionalismo en nuestro país” (https://t.ly/fOhom).

Como puede advertirse, revive un tema que mereció debate hace más de una década. ¿Por qué? En el telón de fondo nuevamente reaparece el regionalismo separatista. Están en el medio las elecciones presidenciales de Ecuador en 2025. El fracaso del modelo empresarial-neoliberal con la sucesión de tres gobiernos empresariales desde 2017, alimenta el posicionamiento de fuerzas que buscarán impedir cualquier triunfo progresista, que no solo conduciría al país a un camino distinto, sino que podría imponer el interés nacional a todos los sectores privados, afectando poderes regionales. No es un hecho aislado en América Latina. Valdría recordar que Bolivia ya vivió su propia experiencia en la región de la Media Luna (Beni, Pando y Santa Cruz), con tradicional población indígena explotada y en la cual las élites de la dominación local reivindicaron su “autonomismo” separatista a raíz del triunfo presidencial del “indio” Evo Morales.

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