Estudiantes universitarios protestan en Quito contra el recorte en el presupuesto a la Educación. FOTO: PSO/La Calle
Por Sebastián Tamayo Villarroel

¿Qué pasó con la educación?

La semana culmina con otra novedad: el recorte presupuestario a las universidad y escuelas politécnicas públicas del Ecuador. Este evento se suma a la serie de atentados que el Ministerio de Finanzas en contubernio con el Ministerio de Educación, fraguan en contra de los infantes, niños, niñas y jóvenes del país.

Según datos de la Cartera de Educación, la calculadora Richard Martínez, disminuyó USD 7 millones al Servicio de Atención Familiar para la Primera Infancia. Para la educación básica superior se eliminó USD 274 mil del presupuesto asignado.

El programa de alfabetización también fue afectado con la reducción de USD 88 mil y sobre el programa de postalfabetización. El recorte asciende a USD 519 mil.

Con la decisión de la Corte Constitucional (CC), el Fondo Permanente para el Desarrollo Universitario y Politécnico (FOPEDEUPO) dejará de percibir USD 98 millones que repercuten de forma directa en las 32 Instituciones de Educación Superior.

El argumento

El argumento que guía la consigna del Ministerio de Finanzas, secundada por la CC, gira entorno a la disminución de la recaudación del IVA e impuesto a la renta, efecto de la pandemia.

Quizá esas son las consecuencias de la famosa “remisión tributaria”, establecida en la Ley Trole 3 en 2018, donde el Estado condonó los intereses por deudas tributarias a los grandes capitales. Tal vez sea el reflejo de la inoperancia de los ortodoxos, quienes fomentan la mano de obra barata; el despido y la precarización laboral como elementos indispensables para la reactivación económica. Quizá sea el efecto de la fuga de capitales hacia paraísos fiscales que limitan la recaudación tributaria.

En definitiva, para el Gobierno más vale socapar las fortunas de los grupos económicos pues, de las deudas pendientes y la repatriación de capitales seguramente se obtendrían algunos millones para no afectar la Educación Pública. En fin, la hipocresía. 

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