Un dolar. Primera lectura: optimismo ante el Proyecto de Ley de Crecimiento Económico.

Vayan y revisen si hay Nutella en la cocina. La última vez que esta alegórica ironía tuvo sentido, en Ecuador -finales de 2016- se divulgaba el contenido de una reforma económica que pretendía frenar la especulación del precio de los terrenos e inmuebles, gravando a los excedentes, excluidas las mejoras, que superaran los 24 salarios básicos unificados.

El objetivo era ahuyentar a una burbuja inmobiliaria que merodeaba, por ese entonces, al mercado de la construcción.

Fue una ley polémica que detonó el descontento y protestas en Quito caracterizadas por blandir banderas negras en la avenida de Los Shyris. La propiedad y la herencia eran intocables para un grupo de la sociedad, opuesta a contribuir, incluso para su propio beneficio.

Esa Ley fue derogada en 2018 como efecto de la Consulta Popular. Se argumentó, con cifras del Banco Central del Ecuador, que su efecto inmediato fue la caída de la actividad de la construcción de 1,7% entre el tercer trimestre 2017 y el tercer trimestre 2018.

En las circunstancias actuales, la industria de la construcción no ha mejorado. Sigue contrayéndose y en el presente período ha disminuido 3,7% su actividad en relación al mismo período del año pasado. Algo no cuadra, quizás la Ley de Plusvalía no era la razón para la bajada en esta importante industria.

La baja actividad de la construcción es uno de los componentes que afectan a la economía ecuatoriana. En junio de 2019 -refiere el Ejecutivo en su nuevo proyecto de ‘Ley de crecimiento económico’ – el 57% de la población económicamente activa está en un empleo inadecuado (menos horas de trabajo, informalidad, deseo de cambiar de empleo).

Luego de la convulsión social que causó el Gobierno mediante un decreto desacertado respecto a los subsidios de los combustibles, sumado a un paupérrimo manejo de la crisis, se alcanzaron acuerdos. Las partes más polémicas y que deterioraban el empleo, fueron pulidas y descartadas mayormente del nuevo proyecto de Ley, mediante el que se pudiera recaudar 700 millones de dólares. Ahora, ¿adivinen qué?… les conviene revisar en la alacena sus provisiones de Nutella, porque de pasar el trámite de Ley, las reventas de inmuebles en los primeros cinco años pagarán tributos correspondientes al excedente de sus valores. Se propone la eliminación del anticipo al Impuesto a la Renta y al mismo tiempo que no se permita deducir gastos a quienes perciban ingresos mayores a 100.000 dólares anuales. Se regresa la vista a quienes más pueden aportar. 

Los preocupados son los representantes de las diferentes cámaras, quienes suman sus críticas a las del exbanquero Guillermo Lasso, pese a que este tipo de regulaciones contribuyen a cuidar un mercado de una disparada caótica. Lo logró el pueblo en las calles;  no hay espacio para el egoísmo partidista en estos días críticos para este proyecto de Ley.

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