Quito, 04 oct (La Calle). – Hermanos Todos es la tercera encíclica del Papa Francisco donde realiza un análisis de la crisis de la pandemia a nivel mundial y critíca el consumismo; la globalización, el liberalismo económico, la falta de empatía hacia los inmigrantes; y el control de la información en la gente.

Fratelli tutti, en italiano, se comenzó a escribir durante la pandemia. Revisita los postulados de uno de los grandes referentes del Papa, San Francisco de Asís; también cita a personajes emblemáticos como Martin Luther King, Desmond Tutu o Mahatma Gandhi.

“Más allá de las diversas respuestas que dieron los distintos países, se evidenció la incapacidad de actuar conjuntamente. A pesar de estar hiperconectados, existía una fragmentación que volvía más difícil resolver los problemas que nos afectan a todos», menciona la encíclica del Papa.

El mercado no lo resuelve todo

Además, Francisco asegura que la pandemia causó que el mundo de vuelta a un pensamiento más humano y colectivo, por fuera de la libertad de mercado: «algunos pretendían hacernos creer que bastaba la libertad de mercado para que todo estuviera asegurado. Pero el golpe duro e inesperado de esta pandemia fuera de control obligó por la fuerza a volver a pensar en los seres humanos, en todos, más que en el beneficio de algunos”.

El desarrollo, las formas de capitalismo más agresivo y la falta de enseñanzas sobre el juego despiadado del neoliberalismo son algunos de los puntos que el Papa critica.

“El mercado solo no resuelve todo, aunque otra vez nos quieran hacer creer este dogma de fe neoliberal. Se trata de un pensamiento pobre, repetitivo, que propone siempre las mismas recetas frente a cualquier desafío que se presente”, asegura

«Abrirse al mundo»

Francisco considera que la causa de la situacion actual está en los nacionalismos y populismos; donde «resurgen nacionalismos cerrados, exasperados, resentidos y agresivos. En varios países una idea de la unidad del pueblo y de la nación, penetrada por diversas ideologías, crea nuevas formas de egoísmo y de pérdida del sentido social».

El obispo de Roma cree que la solución es «abrirse al mundo», una posición que él cree ha sido arrebatada por los poderes económicos y las grandes empresas del mundo.

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