Sebastián Jarrín

Desde inicios de 2019 comenzó a existir un quiebre entre el discurso del Gobierno y el sentir ciudadano. En octubre del mismo año se confirmó el quiebre y el rechazo no sólo de los correístas, sino de la sociedad en general. Sin embargo, lo destacable fue que además significó un quiebre de la relación medios de comunicación tradicionales – ciudadanía. Pienso que a través del seguimiento de encuestas no podemos predecir quién ganará elecciones, pero si definir este quiebre y bajo qué términos sucedió.

Los medios de comunicación y los partidos políticos han sido actores fundamentales en la construcción política del país. Sin embargo, de acuerdo con una encuesta de Cedatos, publicada el 24 de febrero de este año, 6 de 95 organizaciones políticas alcanzan entre 2 % y 10 % de aprobación de cara a las elecciones del 2021. Por otro lado, los medios de comunicación gozaban hasta 2014 de niveles de credibilidad del 91% (TV), 84% (prensa) y 71% (radio)[1]. Al día de hoy según EureKnow la TV nacional tiene 22% de credibilidad; según Click Report en febrero de 2020, los medios privados tenían una confianza de 39%.

En octubre se evidenció claramente el papel político de los medios de comunicación, pero también el surgimiento de medios alternativos, a través de redes sociales y el internet. Con el COVID, se profundiza esta ruptura con los medios de comunicación y el Gobierno como fuente de información confiable y oportuna. Pero además, y más importante aún, se confirma una ruptura con la clase política en general, que se enfrasca en el debate de la coyuntura y del anticorreísmo como único argumento para implementar una agenda política. Y aquí entran todos: partidos políticos, asambleístas, medios de comunicación privados, sector privado en general, Gobierno, academia, indígenas, sindicatos, movimientos sociales.

Aquí una lluvia de datos de distintas encuestadoras que reflejan esta situación: 70% quieren que ya cambie el Gobierno, 67% apoya la democracia, pero solo 27% está satisfecho con ella (CEDATOS); 3% de confianza en políticos y 40% en empresarios, pero solo 18% piensa que el sector privado sacará al país adelante (IPSOS); 27% confía en un partido de izquierda, mientras que 55% en un partido de derecha, 63% está “muy preocupado de perder el empleo, 77% de pagar sus deudas (Click Report); 32% piensa que los principales son la economía y el desempleo, sólo 9% la corrupción; 58% está en contra de vender empresas públicas y 55% en contra de concesionar sectores estratégicos; las mujeres tienen a su cargo el 76% del trabajo no remunerado (OIT), mientras que entre marzo y mayor ha habido 2459 casos de violencia de género, lo que es igual 41 casos diarios (Surkuna).

Reconectar con el sentir ciudadano es entonces absolutamente necesario para plantear una opción electoral sí, pero sobre todo una opción de país. Ningún partido o actor político está hablando del feminismo, del medio ambiente, de una reactivación económica basada en la sostenibilidad ambiental, todos ellos, temas transversales sin los cuales no se puede hablar de una alternativa, especialmente si esta alternativa viene de lo que entenderíamos como la izquierda.

La inexistencia de estos temas en el debate público, ahondan la desconexión entre ciudadanía y clase política, así como los sentimientos de incertidumbre y pesimismo de las personas. Para pensar en 2021, hay que pensar en ponerser la tarea de recuperar esa conexión.


[1] Rodrigo Mendizabal, I. F. (2015). Estado de la credibilidad de medios en Ecuador. Poliantea, 11(21). pp. 169-192.