Omar Jaén Lynch, profesor universitario y periodista

Por Omar Jaén Lynch / @kelme_boy

Ecuador vuelve a las calles. Y vaya que hay razones para hacerlo. El Gobierno de Lenín Moreno, Otto Sonnenholzner, María Paula Romo, Juan Sebastián Roldán y otros nos llevó al abismo, en todas las formas posibles. Fieles a su compromiso, las autoridades han cumplido punto por punto lo exigido por el Fondo Monetario Internacional (FMI): precarización laboral, despidos masivos en el sector público, desmantelamiento del Estado, privatización, hipoteca petrolera y minera.

Pero no solo lo económico provoca que la gente se aliste para marchar. El país ve indignado cómo durante la peor crisis sanitaria de nuestra historia el sector de salud fue una orgía de corrupción. Ni siquiera respetaron la compra de las bolsas para transportar a nuestros muertos.

Es un cóctel peligrosísimo lo que tenemos entre manos en Ecuador, por lo que está más que justificado que diversos sectores sociales estén convocando a movilizaciones a nivel nacional para el lunes 25 de mayo. Uno de esos grupos, la CONAIE, incluso dio “plazo” al Gobierno para que derogue las Leyes de Ayuda Humanitaria y de Ordenamiento de las Finanzas Públicas y también el paquetazo, caso contario volveremos a ver a las bases indígenas llegando a la capital.

Aquí en donde quiero poner un alto

En octubre de 2019, Ecuador vio cómo las movilizaciones organizadas con la CONAIE a la cabeza fueron “efectivas” para frenar en esos momentos la eliminación de los subsidios a los combustibles. Sí, hago énfasis en al CONAIE porque fue la agrupación más visible y que obtuvo réditos políticos de las jornadas de protestas (incluso ahora se pone a Leonidas Iza y Jaime Vargas en las simulaciones de papeleta electoral).

Ya luego todos supimos que todo fue un engaño más del gobierno, nos enteramos de que la CONAIE se “aguantó” en sus acciones para no “hacerle el juego al correísmo”. Así se desvaneció quizás la última oportunidad real para detener el plan neoliberal de Moreno y su gavilla ministerial.

Sacando a limpio lo que nos dejó octubre de 2019, nuevamente vemos a una centroizquierda fraccionada, en donde cada uno vio por lo suyo. No hubo en ningún momento un amalgamiento de propuestas de sectores sociales, agremaciones, trabajadores, estudiantes, movimientos progresistas… Fue la CONAIE y punto. En realidad nadie ganó, solo el Gobierno.

Ahora, nuevamente las calles nos esperan y es más urgente que nunca alza nuestra voz. La Constitución de Montecristi nos brinda el derecho a la resistencia y la protesta, pero eso también trae consigo implícito la obligación de dar propuestas para enrumbar este país.

Desde que se anunciaron las movilizaciones era obvio –y ocurrió– que los medios de comunicación serviles al régimen empezaran desde sus editoriales a “advertir” el proceso de desestabilizador de grupos sociales. Nuevamente los “influencers” pagos hablan de que los “indios llegarán a Quito a destruirla de nuevo”.  

Quienes salgan mañana a movilizarse deberán tener presente que solo a base de propuestas es que se despojarán de esa imagen de tirapiedras que grupos de poder quieren posicionar. Si las marchas en las calles no están acompañadas de planteamientos para salir de la crisis se abonará el terreno para que el Gobierno vuelva con la cantaleta de que todo está financiado por el Grupo de Sao Paulo, Rusia, China, Venezuela, México, hasta los illuminati.

Tengamos claro el panorama

Sí, salgamos a las calles, cantemos, gritemos, exijamos y frenemos al Gobierno neoliberal, pero hagámoslo también presentando una hoja de ruta consensuada, progresista y en favor de los más pobres. Solo así se legitimará ante el verdadero pueblo –no ante Twitter ni Facebook– las medidas de hecho.

Está en las manos y mentes de los líderes de las protestas también limar asperezas entre ellos. Señores de la Revolución Ciudadana, CONAIE, FUT, CUT, FEUE y demás, el país espera de ustedes que se sienten y armen proyectos que beneficien a las grandes mayorías. Ninguno de ustedes puede minimizar el poder de convocatoria del otro. Dejen a un lado sus diferencias pasadas y luchen por un país que se desangra lentamente.

La protesta de mañana es a todas luces legítima, pero solo con unidad y propuestas será incuestionable y viable.