Por Omar Jaén Lynch

«Debo esperar. Después del bautismo, decidí ser padrino del bebé de Connie. Luego enfrentaré a Barzini, a Tattaglia, a los jefes de las 5 familias». Así Michael Corleone le confesaba a su hermano Tom Hagen, en pleno velorio de su padre, que emprendería una venganza sangrienta en contra de los enemigos de su familia. Instantes después, Francis Ford Coppola le regaló al mundo una de las escenas más icónicas de vendettas del cine. Quedaría marcado a fuego la conversación de Michael con su cuñado Carlo Rizzi -responsable del asesinato de Santino Corleone- en donde le expresa que jamás se puede ir contra de la familia.

Claro, Carlo muere ahorcado en manos de Clemenza, porque la traición se paga con la vida.
Esta introducción de El Padrino (1972) encaja a la perfección con lo que Ecuador vio esta semana. El Gobierno de Lenín Moreno, Otto Sonnenholzner, María Paula Romo, Richard Martínez, Juan Sebastián Roldán, entre otros, celebra a estas horas un estruendoso triunfo político con la aprobación de las leyes de “Ayuda Humanitaria” y de “Ordenamiento de las Finanzas Pública”. Para lograr esto, Romo -la encargada de la política en el régimen- usó estrategias que harían sonrojar al mismísimo Michael Corleone.

Hasta el jueves 14 de mayo el escenario pintaba desastroso para el Gobierno. No contaba con los votos necesarios para aprobar esos proyectos de ley. Tuvo que salir un Lenín Moreno apurado en Twitter a decir que retiraban todo lo recaudatorio de la “Ley de Ayuda Humanitaria” para lograr las voluntades en la Asamblea. A pesar de eso, los legisladores anunciaban en redes sociales que la propuesta gubernamental era insuficiente, sobre todo porque no se retiraban los artículos vinculados a lo laboral. Eran horas de pánico en Carondelet, pero salió a escena Romo para hacer lo que mejor sabe: el apriete político.

Ante el infructuoso tuit de Moreno, en la noche de ese jueves Romo y la servicial fiscal Diana Salazar emprendieron allanamientos en distintos puntos de Manabí. El objetivo era el asesor principal del asambleísta “morenista”, Daniel Mendoza. Fueron hallados más de un millón de dólares (en efectivo y cheques), armas, municiones, sellos del Servicio de Rentas Internas y registros de pagos paralelos.

Lo que llamó la atención es que a pesar de todas las pruebas, en ningún momento se habló de detener para investigaciones a Mendoza. En otros casos, figuras de oposición recibieron prisión preventiva por menos de la mitad de los indicios en contra de Mendoza.

Entonces se comprendía que la acción emprendida por Fiscalía no era por la lucha contra la corrupción, sino un mensaje claro a varios parlamentarios. Romo empezó así una guerra psicológica contra asambleístas, más que nada los de la bancada de Alianza PAIS. En las últimas semanas, distintos portales informativos han denunciando cómo legisladores oficialistas administran los hospitales públicos a lo largo y ancho del país. Era hora de pagar favores, el Gobierno lanzaba la amenaza: el que no vota con nosotros le pasará lo mismo que a Mendoza. La extorsión como fórmula de “negociación”. Ni Mario Puzo lo hubiera concebido mejor.

La admonición rindió frutos. Alianza PAIS y su principal socio, el movimiento CREO, dieron luz verde para aprobar la “Ley de Ayuda Humanitaria”, que legaliza la precarización laboral, y la Ley de Ordenamiento de Finanzas Públicas, una normativa confeccionada por el Fondo Monetario Internacional. A esta infamia e incestuosa unión hay que sumar a legisladores de Izquierda Democrática, BIN, BADI y Pachakutik que se pusieron a servicios de grandes poderes económicos en desmedro de las grandes mayorías.

Un triunfo del Gobierno, no cabe dudas, pero ¿a qué costo? Ecuador se hunde en lo más putrefacto del quehacer político. Ahora se legisla con amenazas, con extorsiones, con la boleta de captura en una mano y con la ley en la otra.
No es por defender a un asambleísta corrupto. Si algún legislador administra hospitales como nidos de corrupción, que pague con cárcel. Lo que temo es que después de las votaciones todo se tranquilice y que las denuncias contra varios parlamentarios queden en la nada, al fin y al cabo ya dieron su voto. Por cierto, señora Salazar, no eche humo a la opinión pública. Si hay reparto de poder es porque alguien con más poder lo hace.

Así que la conmino a que investigue quién es el/la que en Carondelet entrega cuotas de poder en el Parlamento. No creo que lo haga, pero al menos dejo por escrito mi exigencia como ciudadano.
Lo aprobado en la Asamblea es de lo más nocivo visto en los últimos años. Pero creo que lo hecho por Romo y Salazar esta semana es más peligroso aún, han inaugurado la política gansteril como puente entre el Ejecutivo y el Legislativo.