Por Omar Jaén Lynch / @kelme_boy


Cierra una nueva semana llena de escándalos en la mitad del mundo. Esta vez no fue por paquetazos o por incapacidad al enfrentar la pandemia de la Covid-19, ahora las luces apuntaron a la Fiscalía y su titular, Diana Salazar.
El miércoles pasado, Salazar envió a allanar varias viviendas y oficinas, entre ellas las casas del prefecto del Guayas, Carlos Luis Morales, y del expresidente Abdalá Bucaram. Ambos son investigados por supuestos sobreprecios en compras de insumos médicos en plena crisis sanitaria.

Primer acto: los operativos. Es obvio que hay una intencionalidad de allanar en horas de la madrugada por factor sorpresa, pero además eso permite que los noticieros matutinos se conecten en vivo a esta “cacería”. Y así fue, los medios extasiados mostraban en sus pantallas y cuentas en redes sociales cómo la “fiscal de hierro” combate sin cuartel a la corrupción.

Segundo acto: la lambonería. No tardaron tampoco los “líderes de opinión” en Twitter y Facebook en elevar al olimpo a Salazar y a la ministra María Paula Romo. Daba la sensación de que Jesucristo nos había mirado a los ojos y sonreído con el nacimiento de estas adalides en la lucha contra la corrupción. ¡Gracias por eso, flaco querido!

Tercer acto: la espera. El operativo bien a la mañana, la audiencia bien en la noche. Hubo más de 12 horas entre un momento y otro, tiempo suficiente como para que el trabajo de medios e influencers calara en la población. Lo cierto es que con el pasar de las horas la gente empezó a darse cuenta de que la situación no era como la pintaban Salazar, Romo y sus aliados mediáticos.

Cuarto acto: la sustentación. Pasadas las 21:00 en las redes había una sensación de cabreo. La gente asimilaba que Bucaram a lo mucho recibiría arresto domiciliario. Y así fue y aunque sienta animadversión hacia ese apellido era lo justo. La decisión del juez fue la adecuada teniendo en cuenta que el exmandatario tiene más de 65 años y porta un marcapaso. Pero sobre todo porque la propia Fiscalía solo lo acusó de “tráfico de armas”. Ni una sola palabra sobre compra de insumos médicos, nada de eso en la audiencia. Mientras que con Morales había motivos suficientes para darle medidas cautelares por el cargo que ostenta.

Quinto acto: la victimización. Una Salazar “golpeada” salió en varios medios de comunicación el jueves. La funcionaria acusó directamente a los jueces de obstaculizar la “lucha contra la corrupción”. Luego se conocería que fue la propia Fiscalía la que solicitó el arresto domiciliario de Bucaram y que no sustentaron bien las acusaciones contra Morales. Pero lo importante aquí era mostrar a una “heroína” con las manos atadas por los “corruptos” jueces.

Sexto acto: más vale tarde… El viernes, nuevamente a la madrugada, al fin cayó el asambleísta Daniel Mendoza. Veintidós días después de la captura de su asesor -con más de un millón de dólares, armas y sellos gubernamentales- recién la Fiscalía detenía al legislador morenista. Ahora resta que Salazar cierre el círculo y detenga en Carondelet a quien le dio poder a Mendoza para intervenir en la construcción de hospitales públicos. ¡Déjenme ser iluso!

Séptimo punto: el globo de ensayo. Salazar, sin lugar a duda, ha interiorizado bien esa actuación de “paladín en peligro”. Suelta de lengua ante los medios dijo que hay sectores que le quieren iniciar un juicio político en la Asamblea. Un rumor que solo ha salido de boca de ella, que no se ha escuchado en el Pleno ni entre bloques y que más huele a estrategia por ganarse el cariño popular.

No nos podemos quejar, esta semana Diana Salazar iluminó con pirotecnia a la opinión pública en Ecuador. Nos brindó una montaña rusa de emociones: Éxtasis, incredulidad, fervor, dudas, frustración y enojo. Lo preocupante es que la verdadera lucha contra la corrupción no se alcanza con titulares aduladores en los medios o con tuits serviles. La verdadera lucha contra la corrupción es la que se enfrenta al poder real sin temores ni favores, así tengas que pelearte con quien está a tu lado en la rueda de prensa o aunque te cueste la candidatura en 2021.