Por: Sebastian Jarrín

En 2021 cuando vayamos a las urnas seguramente se recordará mayo del 2020 como el mes donde empezó la cuenta regresiva para el Ecuador en varios ámbitos. Recorrer este año significará un gran reto en lo económico, en lo político, en lo social y en lo sanitario. Cada actor de la sociedad lo asumiremos de maneras distintas y tendrá diferentes significados, pero la cuenta corre hasta que lleguemos al juicio final: el 7 de febrero del 2021.

En lo electoral la cuenta regresiva empieza, curiosamente, para dos funciones del Estados: la electoral y la judicial. El CNE debe organizar las elecciones y ante la emergencia por el coronavirus, presentó una propuesta de votación híbrida (telemática y presencial). Entonces deberá asegurarse de la transparencia del proceso, el cual ya empieza el 17 de septiembre, con la inscripción de candidaturas. Es ahí donde entra el poder judicial, pues ahí se juega el futuro político de una opción electoral que cuenta todavía con un importante porcentaje de voto duro: la Revolución Ciudadana. Rafael Correa deberá tener sentencia ejecutoriada hasta septiembre o podrá participar en las elecciones.

La aprobación de la Ley de Apoyo Humanitario y de la Ley de Ordenamiento de las Finanzas Públicas, iniciaron la cuenta regresiva para todas las fuerzas políticas, incluido el Gobierno, quien además corre su último año. En 48 horas se develó la gobernabilidad del país y cada tendencia política planteó sus tesis, o se podría decir cada una decidió con qué cruz cargar. Quienes apoyaron las leyes – CREO, AP, ID y ciertos independientes- tienen que demostrar que seguir el camino de los multilaterales y del neoliberalismo fue lo más oportuno para el país, que en verdad ayudaron a la reactivación económica, que en verdad fueron pensadas para la gran mayoría, claro está, si es que aspiran a algo en 2021.

El gobierno que parece estar involucrado en reparto de hospitales a cambio de votos, dio un paso gigante, aunque fue a los 3 años de Gobierno. Logró consumar una meta política importante y darle una dura estocada a la institucionalidad estatal. Sin embargo, ya se le cayó totalmente el piso para culpar a su predecesor quien fue categóricamente enfático al expulsar a los multilaterales del país. Le corre el tiempo entonces para asumir sus decisiones y enfrentar los costes políticos y sociales, los económicos ya los hará el país; y enfrentar la emergencia sanitaria, que aunque por 48 horas pasó desapercibida, está lejos de terminar.

Al sector privado también le corre la cuenta regresiva. Deben demostrar que la flexibilización laboral es el camino para la reactivación; que la precarización hacia la que encamina el proyecto de Ley Humanitaria será la solución para alrededor de 5 millones de personas que están entre el desempleo y la informalidad, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Empleo, Desempleo y Subempleo (Enemdu).

A las tendencias antineoliberales les queda poco tiempo para elaborar una propuesta clara en el país, dejando de lado falsas disputas y lograr consolidar un frente sólido que haga resistencia al modelo neoliberal. La inauguración de la «Internacional Progresista» deja ver que es una disputa mundial que se piensa hacerlo desde el lado del progresismo.

Pero la cuenta regresiva más importante, corre para la sociedad en su conjunto. 2021 se plantea como un escenario electoral definitorio para el modelo de sociedad que seguirá el Ecuador. Es tarea de todos involucrarse en la construcción de dicho modelo y por lo tanto debemos llegar al 7 de febrero de 2021 con un pensamiento claro: qué queremos para nuestro país y cómo lo queremos. Una condición indispensable es llegar con memoria y generarla desde todos nuestros espacios..