Quito, 26 mar (La Calle). – Un sistema basado en el consumo desacelerado, en la competencia salvaje, en el estancamiento en oposición a la inversión estatal. Este sistema está en peligro, él y sus relaciones sociales, él y sus prioridades. Es el Covid-19 quien lo ha puesto en jaque, quien ha desenmascarado al capitalismo.

“Hoy hay gente que tiene tres carros y no los puede usar, dos casas, una en la playa, a la que no puede ir. Ropa lujosa que no puede vestir”, dijo Pabel Muñoz en nuestro noticiero matutino. El capitalismo privilegia el consumo desenfrenado, pero descuida las relaciones sociales, la salud física y mental y la solidaridad.

A estas alturas, para nadie debería ser un secreto que, para este sistema, el capital está por sobre el ser humano y la naturaleza. La productividad, que se traduce en largas horas de trabajo (mal pagadas en muchos casos), por sobre la felicidad del individuo. Aquel sistema que no comprende que, para ser productivos, es necesario tener salud física y mental, seguridad y estabilidad, tiempo libre y lazos comunitarios y contacto con la naturaleza. El capitalismo no lo entendió y hoy, el coronavirus ha venido a demostrarnos cuán necio fue y cuán necios han sido nuestros gobiernos.

Esta crisis nos muestra el peligro de la desigualdad económica; el peligro de que, mientras el 1% puede costear servicios de salud sin problema, el 99% de la población tiene, como única opción, la salud pública; el peligro de que los gobiernos no inviertan en el fortalecimiento de salud, educación, conectividad y en otras fuentes de ingresos, más allá del petrolero, que permitan a los estados dejar de depender de las grandes economías, que permitan, en situaciones como esta, salvar vidas.

El capitalismo en Ecuador

La situación en el Ecuador no es una excepción. La gran debilidad en la que el Covid-19 sorprendió a nuestra salud pública y la forma de este gobierno de enfrentar la crisis son la muestra más clara de que este sistema no piensa en el ser humano.

Esta debilidad tiene su origen no en el aparecimiento del virus, sino en la política económica que, desde un inicio, aplicó el gobierno de Lenín Moreno. Con el discurso de una supuesta obesidad, despidieron a trabajadores del sector público, desmantelaron al estado para “dejar de gastar recursos”. Sin embargo, esos recursos no han sido invertidos en salud, por dar solo un ejemplo. Y cualquiera pensaría: si no hay inversión, ese “ahorro” debe estar disponible para cuando haya una crisis. Pero la ex ministra de Salud, Catalina Andramuño nos dejó claro que no, que tampoco asignaron los recursos necesarios a la emergencia sanitaria que vivimos.

Y esta serie de decisiones erradas surge desde que iniciaron las relaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que, en palabras del abogado Augusto Tandazo, hace que los países pidan créditos “y después los presiona para llevarse sus activos”. Es este el caso del campo Sacha, “donde producir un barril de petróleo cuesta apenas USD 6,00”, sin embargo, el gobierno lo quiere concesionar a una multinacional. Entre las opciones, la empresa Chevron, la culpable del desastre medioambiental más grande del Ecuador. Qué mejor muestra de que, para un gobierno alineado al capitalismo más salvaje, la naturaleza no vale nada. 

Finalmente, la más reciente y cruel muestra de que, en Ecuador, el capital está por sobre el ser humano, es la decisión del gobierno de pagar la deuda externa, en vez de dirigir esos recursos a la salud. Ecuador pagó USD 320 millones el pasado 24 de marzo, y deberá pagar 200 millones más, por concepto de intereses, a fin de mes.

Después del fallecimiento de 34 personas y el contagio de 1.382 ciudadanos, el ministro de Finanzas anuncia la asignación de USD 50 millones a la atención de la emergencia. Tarde y mal, como es costumbre de este gobierno. Tarde, por esperar tantas víctimas para actuar, y mal, porque, en vez de pagar USD 50 millones, pudo haber asignado USD 370 millones si no pagaba la deuda externa. Esta es la cara del capitalismo, la cara del gobierno de Moreno. Un gobierno que prefiere pagar a los tenedores de los bonos de la deuda, a la vida de su gente.

Por lo tanto, por más dolorosa que esta crisis pueda ser, nos está diciendo a gritos que es hora de repensar las relaciones estado-economía-sociedad. David Villamar, analista económico, nos dijo en una entrevista: “si hay algo que nos está enseñando esta pandemia es que lo más importante son los vínculos de solidaridad y es esa línea la que debería primar las relaciones internacionales. Más importante que las instituciones financieras, son las personas”.