Lenin Moreno, presidente del Ecuador, en el salón amarillo. Foto: Presidencia Ecuador.

Por: Sebastián Jarrín / @seb_astian1001

El 2020 ha sido un año único, no solo por la cantidad de hechos y eventos a nivel global, sino también por la gravedad y repercusión de los mismos en nuestra historia, lo que asemeja al 2020 a una película de ficción. Como país, enfrentamos la pandemia en un momento que seguro será recordado: la descorreización. Personajes de la política nacional nos llevaron al país de lo absurdo.

El absurdo fue la tónica de esta pandemia, sin importar dónde ni en qué ámbito. Se tranzó con la salud de todos, entregando hospitales a cambio de “obediencia legislativa” – así le llamaron para salvar de juicios políticos a los Ministros o aprobar leyes nefastas. No contentos con eso, lo llevaron más lejos, y los Bucaram hicieron negocio familiar de la venta de medicinas e insumos médicos. Pero tenían que llevarlo al absurdo: entrega de carnets de discapacidad a jueces, asambleístas y autoridades para comprar vehículos, conseguir puntos extra en concursos de méritos, evitar pagos de pensiones alimenticias…

Como si fuera poco, nos encontramos en año (pre) electoral, siendo la última oportunidad de expresión de la voluntad popular. Finalizado el periodo de inscripción de candidatos, 17 fueron los binomios inscritos (!). Pero, ¿hasta dónde llegó el absurdo?, pues la autoridad electoral intenta que Lasso compita contra Lasso y nadie más en la papeleta, descalificando todas las candidaturas competitivas. Para eso tienen a toda una banda de constitucionalistas dispuestos a encontrar cualquier argumento legal para lograr el objetivo. Lo que no saben, es que si Lasso compite contra Lasso, pues gana el nulo.

Y en lo económico fue lo más absurdo de todo. En una pandemia que golpeó la economía de todos los países sin excepción, la Asamblea aprobó una Ley Humanitaria, que flexibiliza el mercado laboral. El articulado derivó en más de 350 000 nuevos desempleados en el país. De paso hay que agradecerle a Ximena Peña, quien en entrevista dijo que de no ser por su presencia en la Asamblea, esa ley hubiera sido mucho peor.

Pero además, al brillante Ministro representante de las cámaras, Richard “el vende países a cambio de un puesto en el BID” Martínez, se le ocurrió prepagar deuda y firmar un nuevo acuerdo con el FMI, lo cual está de más señalar lo absurdo de sus políticas de austeridad en tiempos donde se requiere un mayor gasto en inversión pública, impuestos regresivos, en fin mayor presencia estatal.

Con todo esto y las elecciones acercándose, las personas cada vez más van tomando postura y definiendo su voto, lo cual será crucial para determinar el futuro del país, pues si queremos un cambio de lo que ha sido lo absurdo de la descorreización, debemos votar con consciencia y compromiso. El límite de lo absurdo han sido dos declaraciones. La primera de la Ministra de Gobierno Romo, quien asegura que la realidad supera a la legalidad; la segunda del dueño del diario La República, Carlos Jijón quien dice que “lo absurdo no se acata”, así sea la Constitución. Entonces, debemos dejar de aceptar lo absurdo de la descorreización y optar por otra vía.

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