Por: Alexis Ponce

En el Ecuador superficial que no analiza cada concepto repetido como martillo eléctrico por el poder, los marketineros del sistema y uno que otro presentador de noticias económicas o faranduleras de TV; la gente termina creyendo y adoptando, como gran cosa, lo que Lenín Moreno -desde vice y luego presi-, balbucea sin mucho contenido, más bien con pocas luces, pero con verborrea new-age que solo le cree el otro igualito a él: Zevallos, el ministro letal.

Me refiero a dos falsas premisas conceptuales hoy en boga, sobre todo la segunda, absolutamente ideológicas las dos pero bajo el maquillaje de “el ascenso social es posible”; aprendidas por Moreno con Gustavo Larrea.

Por lo demás, no las acuñaron ninguno de los dos, sino años antes por capciosos “intelectuales orgánicos” del capital, interesados en bautizar como ‘exitosa’ la opción no asociativa, ni colectiva ni cooperativa, sino la individualista, la del “sálvese quien pueda” y del “tú puedes”.

Opción que ese mismo voraz sistema económico alienta para que nunca salgamos de la pobreza o las deudas. Más bien para que pasemos creyendo que se puede salir, mientras engordamos con nuestro esfuerzo e impuestos a estos chanchos con pedigrí.

Esas dos mentiras la adoptaron a granel tanto las redes sociales con publicidad y auto-publicidad, como la gente ingenua que cree que, los que nos batimos a muerte por la sobrevivencia en el día a día (eso nos pasa por no estudiar cómo funciona la economía capitalista que devora) somos “propietarios” y “emprendedores”.

“Queremos una sociedad de propietarios” decían Larrea y Moreno en el 2007, como si fuera cierta semejante bajeza falaz, que se hizo evidente falsedad ética con el pasar de los años. Y la otra equivocación consciente es su alabanza a “los emprendimientos, los emprendedores y las emprendadoras”. Ideológica muletilla revestida de auto-ayuda estilo: “Tú puedes, ten valentía, coraje, no seas vago, no te rindas, todos los triunfadores empezaron desde abajo”.

Esta última y poderosa muletilla mental (el emprendimiento) se le ha vendido a precio de gallina robada a la mayoría de la población carente y empobrecida de las clases medias ya proletarizadas del planeta y a la clase trabajadora siempre hecha miércoles. Y está hoy pandémicamente masificada.

Hasta yo me llegué a creer ‘emprendedor’ de protectores faciales, alcohol, uniformes sanitarizados y mascarillas. Como si fuese teósofo tendencia Moreno y no marxista irredimible llegué a dudar. “No estoy en el desempleo, genero ingresos (a veces, pero no importa), y eso me hace alguien con empleo temporal, no desempleado”.

Hasta que me rebelé contra semejante espejismo conceptual (me ayudó un mundo un post en el facebook de mi amiga Ivanova Nieto y recordar al Viejo Marx), y decidí escribir: NO soy ni de su ‘sociedad de propietarios’ ni emprendedor, señores Larrea y Moreno.

¡Ah!, y no soy de la clase media, sino de la clase trabajadora, con pujos y todo, sin empleo formal ni ingreso fijo, pero de la clase trabajadora. (Hace años que me definí en broma: “aristócrata venido a menos”).

Me da mucha ternura angustiada oír a mis familiares amados, trabajadores, honestos y berracos, mientras se baten como héroes de la vida, sudando el día a día. mis amigos y amigas rajarse la existencia hasta sangrar, como yo, como todos, definirse no trabajadores, sino “emprendedores”. Y, creerlo auténticamente. Eso es lo más trágico en pandemia.

Me conmueve oír en sueños a mis amigos, familiares, conocidos y desconocidos que quiero tanto, decir a los seres que aman que un día lograrán salir de deudas y aunque no quieren ni conseguirán nunca (son honestos dije) fortunas como tanto impresentable las tiene, por ejemplo ese nuevo avaro sin escrúpulos mega-millonario Elon Muzk.

Me duele que no salgan de la nueva pobreza, o del vivir mes a mes con más deuda, con más asaltos de la banca a los esquilmados bolsillos, mientras nos bombardea el sistema. El mismo en el que Moreno es apenas faldero de esa sociedad anónima de propietarios. Donde sigue insistiendo en que los trabajadores, inclusive el niño que en la calle vende en un puestito de colas, “son emprendedores” y no trabajadores.

Los ladrones que robaron suficiente para retirarse en paz al terminarse su tiempo de poder. Los mega-empresarios que acaban de facturar 450 mil millones de dólares de ganancias durante la pandemia por exprimirnos a los demás llamingos en el mundo, se ríen a carcajadas. Todavía el tiempo de manipular es largo; y es suyo.

El Nobel de Economía Joseph Stiglitz escribió: “El 90% de los niños que nacen en hogares pobres, mueren pobres. Por más capaces que sean. Y más del 90% de los niños que nacen en hogares ricos, mueren ricos. Por más estúpidos que sean. Por lo tanto el mérito individual no es un valor” (El precio de la desigualdad). En el espejismo iluso de la red social, es obvio que Stiglitz y este necio luchador, pobre marxista y seguidor del Hermano de Asís, no seremos comprendidos.

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