Consuelo Bowen Manzur
Consuelo Bowen Manzur

Mujeres | En el Ecuador, mediante Acuerdo Ministerial 126-2020, de 11 de marzo de 2020, el Ministerio de Salud Pública, declaró el Estado de Emergencia Sanitaria, para impedir la propagación del COVID -19. El 16 del mismo mes y año, mediante Decreto Ejecutivo No. 1017, el Presidente de la República declaró el Estado de Excepción por calamidad pública a propósito del COVID -19.

El Estado de excepción suspende o restringe el derecho al libre tránsito y la libertad de reunión y asociación, con el objetivo de mantener una cuarentena comunitaria obligatorio, para contener el contagio de la enfermedad; salvo algunas excepciones referidas a la atención médica, distribución de alimentos y sectores de producción del país de los llamados estratégicos. Asimismo se suspendió la jornada presencial de trabajo; quedando habilitados solo los servicios relacionados a los ámbitos ya mencionados.

De acuerdo a un informe de abril 2020 del BID, realizado por el Departamento de Países Andinos, “Ecuador es uno de los países más afectados económicamente por el avance del virus COVID-19″; esto debido a su dependencia de los precios del petróleo y su relación comercial con China, Estados Unidos y otros países afectados por el virus. El precio actual del barril de petróleo (USD 26 para el WTI) está por debajo de los 51 dólares por barril, incluidos en el presupuesto de 2020. Esto afecta a los ingresos del Estado; ya que los ingresos del petróleo cayeron en los dos primeros meses del año un 27,6%15; aunque los menores precios del petróleo también reducen el costo de los subsidios.

¿Cómo impactan estas condiciones en el desenvolvimiento económico de las mujeres que trabajan fuera del hogar?

La respuesta a esta pregunta debe dar cuenta de las líneas correctas y las medidas adecuadas; para palear la crisis económica que está presente junto a la crisis sanitaria.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en un comunicado de 11 de abril de 2020, hizo un llamado a los Estados a incorporar la perspectiva de género en la respuesta a la pandemia del COVID-19. Les recomienda “partir de un enfoque interseccional en todas las respuestas de los Estados para contener la pandemia; teniendo en cuenta los distintos contextos y condiciones que potencializan la vulnerabilidad a la que las mujeres están expuestas, como la precariedad económica, la edad,…”

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) calculó que la crisis ocasionada por la pandemia del COVID-19 ha destruido al menos 14 millones de empleos en América Latina; especialmente en el comercio y los servicios. “Estamos ante una destrucción masiva de empleos”, dijo el director regional de la OIT Vinícius Pinheiro, en un comunicado de 8 de abril, que realizó la entidad. Se señaló además, que el virus causa en la región, la pérdida de 5,7% de las horas laborales en el segundo trimestre. Los sectores más expuestos al riesgo, de acuerdo con la OIT, incluyen los servicios de hospedaje y restauración; la manufactura; el comercio minorista y las actividades empresariales y administrativas. Es decir, los segmentos donde hay mayor presencia femenina.

Sectores determinados de oficios donde se concentra el trabajo de la mujer

A nivel mundial, de acuerdo con el Informe Temático de 2019 de la OIT, titulado “Mujeres en el mundo del Trabajo”, las mujeres se concentran en determinados oficios como el comercio y, fundamentalmente, los servicios.  En concreto las mujeres son mayoría en el empleo del sector de servicios  comunales,  sociales  y  personales  (64  %),   

En el Ecuador, en el 2019, antes de la pandemia, de acuerdo a la Encuesta Nacional de Empleo, Desempleo y Subempleo del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC), el índice de empleo adecuado en el país fue del 44,8% para hombres, frente al 30,6% para mujeres.  Para diciembre 2019, el ingreso laboral promedio de un hombre con empleo es USD 345,5; mientras que para una mujer con empleo es de USD 292,7. De acuerdo al Atlas de Género que en le 2018 presentó el mismo INEC, las mujeres con empleo adecuado se sitúan con frecuencia en el comercio y en los servicios.

Sí, los sectores más afectados por la pandemia.

Existen áreas donde el porcentaje de participación de la mujer es mucho menor así construcción (6 %); transporte y almacenamiento (9 %); explotación de minas y canteras (15 %), entre otros ejemplos. En tanto hay otros ámbitos donde sube notablemente la presencia femenina, como son los servicios domésticos (94 %); enseñanza (67 %) o servicios sociales y de salud (66%). De acuerdo a la OIT las mujeres seguimos mayoritariamente en ocupaciones relacionadas a los cuidados.

Por otra parte, las mujeres de acuerdo a ONU MUJERES (2017) son aproximadamente el 47% del trabajo informal en Ecuador; otro sector seriamente impacto negativamente por las actuales condiciones.

Las mujeres enfrentamos condiciones de desigualdad con respecto a los hombres, en términos laborales, no solamente por la poco presencia que tenemos en puestos directivos de mejor remuneración; sino porque de acuerdo a las cifras del INEC, 2012, las mujeres en Ecuador destinamos en promedio cuatro veces más tiempo a las ocupaciones del hogar o domésticas, que los hombres. En promedio, la mujer dedica 31,49 horas  mientras el hombre dedica 9,09 horas. Una diferencia de 17,53 horas.

El gobierno ecuatoriano deberá dar lectura a datos como estos

Para asegurar que las mujeres ecuatorianas seamos parte de la solución. Por ejemplo, una publicación de Annette Ssemuwemba, en World Economic Forum, de 27 de marzo de 2020 indica que el comercio electrónico tiene el potencial de establecer condiciones de igualdad para las mujeres en los países en desarrollo; por lo que los estados y la sociedad civil deben garantizar el acceso digital a las mujeres.

“Para las microempresas y las pequeñas empresas (MIPYMES)propiedad de mujeres, especialmente las de los países menos adelantados el potencial del beneficio es aún mayor. Por qué motivo? Porque los espacios digitales deberían proporcionar a hombres y mujeres las mismas oportunidades. Asimismo, habida cuenta de las barreras culturales existentes en algunas sociedades que exigen que las mujeres se queden en casa, el comercio electrónico ofrece a las mujeres la libertad de trabajar desde su hogar mientras amplían sus negocios”.

Reducir la brecha digital para las mujeres

En la misma publicación refiere a estudios realizados en varios países; indica que una vez en línea las mujeres tienen entre un 30% y 50% menos de probabilidades que los hombres para aumentar sus ingresos o participar en la vida pública.

Cabe indicar que las mujeres que tienen pequeños emprendimientos enfrentan  dificultades para mantenerlos y crecer, por lo que muchas veces terminan diluyéndose en el mercado; esto de acuerdo  a lo que indica la Agenda Nacional para la Igualdad de las Mujeres y Personas LGBTI, 2018-2021 y los datos de “la Corporación Nacional de Finanzas Populares y Solidarias, en 2016. El crédito promedio otorgado a las mujeres alcanzó la suma de $ 1.318,78 dólares, en tanto que entre los hombres el valor es superior: $ 2.348,64 dólares. Ello indica, que los recursos a los que acceden las mujeres en promedio, están muy por debajo (56,17% menos) de los que se otorgan a los hombres. 

El acceso a recursos financieros incide de forma directa en el crecimiento de los emprendimientos productivos. Apenas el 18% de mujeres son propietarias de empresas grandes, cifra muy por debajo del 82% de hombres propietarios; y, a pesar que la brecha se reduce un poco, la diferencia también es grande entre las propietarias (30,3%) y los propietarios (69,7%) de las pequeñas y medianas empresas (PYMES).

Una medida importante en este sentido sería ampliar la conectividad y propender a la educación digital de las mujeres; a fin de que desde nuestras casas podamos emprender por ejemplo en el comercio electrónico, lo que supone abrir líneas de crédito dirigidas a nosotras.

Las mujeres tenemos la capacidad de involucrarnos en la vida económica y política del país. Debemos hacerlo.

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