El líder de CREO, Guillermo Lasso. Fuente: Perfil Guillermo Lasso Facebook.

Sebastián Jarrín

Guillermo Lasso ha llegado a convertirse en el mejor candidato que el dinero puede comprar. Publicidad en YouTube, Instagram y otras redes sociales, exponen su perfil juvenil, con gorrita y tomando una cerveza. En sus apariciones en medios aprovecha para presentarse como el apolítico, “ni de izquierda, ni de derecha” porque el trabajo es “por todos los ecuatorianos”. Pues, el dinero resulta que compra el vaciamiento de la política.

La pandemia nos distanció y potenció a las redes sociales como el medio de relacionamiento entre personas. Así, los políticos se volcaron a ellas para empezar la campaña anticipada. Y Lasso twitteó. Lo hizo sobre el feminicidio de Gabriela León, dijo que en Gobierno sería prioridad las políticas públicas de protección a mujeres, #JusticiaParaGaby.

Cinco días después, exige al presidente el veto total del Código de la Salud por cuatro razones: por abrir “el espacio para la impunidad del crimen del aborto”; por responder “a una ideología altamente cuestionada y cuestionable”; y por simplemente causar un “profundo malestar en la mayoría de ciudadanos”.

La ley

Aquí les dejo el COS, como lo aprobó el Pleno. Lasso se opone a los artículos 201, 196, 115, 193, 208 y 22. En ellos se leen pasajes “peligrosos” como “se deberán respetar los derechos de las mujeres” (art. 201), o “elaborarán políticas y programas educativos (…) para prevenir el embarazo infantil, toda forma de violencia, enfermedades de transmisión sexual, fomentar paternidad y maternidad responsables, erradicar explotación y discriminación sexual” (art. 115), o “brindar atención en salud sexual (…) basada en evidencia científica, pertinencia cultural” (art. 193), o “se prohíbe la oferta de servicios que tengan como finalidad cambiar la orientación sexual o la identidad de género” (art. 208), o lo más increíble a lo que se opone Lasso: “las y los adolescentes tienen derecho a…” (art. 22).

Mi compañera me dijo una vez una verdad clarificadora: la derecha – entre otras cosas – defiende “libertades”, mientras que la izquierda derechos. Eso es Lasso, el libre mercado sin intromisión del Estado, la libertad de la empresa para despedir, el libre flujo de capitales a paraísos fiscales. Pero Lasso también es, como lo expresa en su carta, el conservadurismo radical, aquel que decide cuándo una mujer debe ser madre, aquel que cree que la orientación sexual es una enfermedad, aquel que se opone a la ampliación de derechos.

Un defensor de Lasso salió a decir que esa carta es digna de felicitación porque es una “honesta expresión de su pensamiento”, pues sí, lo es. Por eso indigna que se plantee como apolítico e indigna aún más que use al feminicidio como excusa para aparecer en redes un rato, diciendo que priorizará las políticas de protección a la mujer. El feminismo, en toda su amplitud, debe entenderse como antihegemónico y anticapitalista, de lo contrario, queda en eso: un triste tweet, del triste (mejor) candidato que el dinero puede comprar.

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