Andrés Arauz Rafael Correa

Sebastián Jarrín

En la última semana vivimos definiciones en el ámbito electoral. Binomios se anunciaron como si se tratara de una subasta, ofreciéndolas al mejor postor. Con el objetivo de formar alianzas y conformar lo que se podría denominar el frente anticorreísta.

En contra de lo que se pensaba, Centro Democrático anunció que insistiría en la candidatura de Correa sin importar nada. La noticia causó revuelo en la clase política, académicos, y medios de comunicación, quienes recurrieron a lo que mejor saben hacer: desinformar.

Esta semana se debatió si Correa puede o no ser candidato sin aceptar la candidatura en las instalaciones del CNE. Para ello, idearon el mecanismo de presentar al candidato en un ipad y con firma electrónica, cumpliendo con las exigencias de expresa, indelegable y personalísima.

Académicos y funcionarios del Gobierno y del CNE aseguraban que esto es karma. Que Correa es víctima de sus propias reglas, que lo mismo que le hizo a Abdalá en 2012 para impedir su candidatura, está sufriendo ahora. Sin embargo, como dije al principio, esto es desinformación. El reglamento actual – aplicado a Correa – no es el mismo que el del 2012 – aplicado a Abdalá.

Las especificaciones del por qué, sería cuestión de otro artículo. Aquí en estos dos hilos en Twitter, que a pesar de ser una red social, existen criterios con argumentos, pruebas y hechos. A diferencia de lo que se escucha en medios de comunicación masivos, que se concentran en desinformar. Tal vez por ignorancia o por voluntad propia, pero desinformar al fin.

Este artículo, sin embargo, se enfoca en evidenciar que el frente anticorreísta carece de propuesta, excepto evitar el retorno de Correa. Excusándose en el argumento de “él también lo hizo, entonces puedo hacerlo yo”, utilizaron toda la institucionalidad disponible. Poder judicial, electoral, político y el Consejo de Participación Ciudadana, medios de comunicación para zanjar disputas políticas.

El ejemplo del reglamento del CNE es eso: “Correa hizo ese reglamento, ahora que se aguante”. Pues no, no lo hizo y esto hay que tener muy claro, y más aún, saber quiénes difunden esa idea.

Desde el CNE

La reforma de ese reglamento la hizo un CNE con vocales de Pachakutik (Atamaint), CREO (Pita), PSC (Cabrera), AP (Acero) y la Junta Cívica de Guayaquil (Verdesoto).

A ellos los nombró un Consejo de Participación Ciudadana, que a su vez nació de una consulta popular ilegítima. Consulta con el impulso de un Gobierno que incumplió su plan de Gobierno.

Frente anticorreísta

La institucionalidad del Ecuador es débil, depende en gran medida de quién esté al frente de todo. El frente anticorreísta ha demostrado que dirigiendo la institucionalidad del Estado puede solo ofrecer eso: descorreizar.

No puede reducir pobreza, mantener empleo digno, estable, no puede mantener una educación de calidad, no puede invertir en obra pública.

No hagas a otros lo que no quieres que te hagan a ti dice un adagio popular. Las élites políticas y económicas quieren posicionar esta idea en la mentalidad ecuatoriana. Solo para justificar el desastre de la descorreización.

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