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El lenguaje muerto de la vida cotidiana – Opinión

Aminta Buenaño
Aminta Buenaño

En el lenguaje usado por radio, prensa y televisión, en el que sale de los labios de los políticos, locutores, periodistas, maestros de ceremonias o en el que intercambiamos en una conversación cualquiera y que supuestamente lo usamos para comunicarnos, para tender el puente hacia el otro, hay algunas frases tan comunes, tan manidas y usadas que crecen como la hierba, que se encuentran como piedras en el camino. Nos damos de bruces contra ellas en cualquier reunión, discurso, locución en la que el audaz político, tinterillo, homenajeado o pico de oro pretende impresionarnos con su discurso rociado de estos lugares comunes que, más que impresionarnos, lo que provoca es marcharnos o cuando menos evaporarnos, que es lo que realmente ocurre, porque mientras el periodista se inflama en su perorata y desbarata el idioma relamiéndose tras el micrófono, los oyentes duermen, bostezan o viajan a las dimensiones desconocidas del mundo cuántico en donde las cosas son y no son. Estas frases que impune y gratuitamente repiten, en algún tiempo tuvieron un valor expresivo, pero han sido tan trajinadas, tan sudadas como calcetines de futbolista, que han perdido todo color, sabor o contenido, dejando tan solo tras de sí el aroma pestilente de lo muerto. Son huecas, vacías, falsas porque ya no comunican nada y lo que sí trasmiten con esencial claridad es pobreza de vocabulario, falta de imaginación, escasez de recursos expresivos, pereza mental, anemia lexical, avitaminosis del habla y sirven de muletas para un cerebro inválido. Aquí algunas típicas:

Del diccionario personal de políticos y funcionarios públicos.

Juro que jamás lostraicionaré/ Moriré en el intento/ Investigaremos hasta las últimas consecuencias/ No daremos ni un paso atrás/ Vamos a hacer la conscripción cívica/ La voz del pueblo es la voz de Dios/ El pueblo unido, jamás será vencido/ Donde se pone el dedo, salta el pus/ No daré mi brazo a torcer/ Hay que tomar cartas en el asunto/ Salió por la puerta ancha/ Hacer la regalada gana/ Por primera y única vez/ Ecuador, país amazónico/ La unión hace la fuerza/ Unidos como un solo puño/ En tanto, en cuanto…/ En un minuto lo atiendo/ Pobre, pero honrado/ No retroceder ni un paso atrás/ Vive y deja vivir/ Compórtate como hombre/ Hay que cortar la corrupción de raíz/ Por la plata baila el perro, por el oro perro y perra/ Yo te ofrezco, pero busca quien te dé/ Nadie sabe para quien trabaja/ Soy la voz de los que no tienen voz/ El gobierno de todos/ Hay que poner la casa en orden/ Devolver el poder al mandante/ La culpa es de Correa/ Voy a luchar contra la corrupción/ hay que cortar la corrupción de raíz/ La fuerza de los pobres/ Viva la patria/ En crisis hay que apretarse el cinturón/ Tenemos que arrimar el hombro/ Voy a poner mi granito de arena, etc.

Del archivo desclasificado de los picos de oro y oradores de turno en homenajes, quinceañeras y decesos.

Distinguida y selecta concurrencia/ Honorable público/ La espiritual y culta damita/ la madre abnegada/ El honorable caballero/ Este homenaje que inmerecidamente recibo/ Hablaré, aunque no he venido preparado/ Un discurso florido/ La familia es el núcleo de la sociedad/ El padre, el sostén del hogar/ Los niños, el futuro de la patria/ Los hijos, la alegría del hogar/ La mujer, la reina de la casa/ A la mujer no se la toca ni con el pétalo de una rosa/ Solo la educación salva al pueblo/ Hay que romper esquemas/ Murió en la flor de la juventud/ Entregó su alma al Creador/ Pasó a mejor vida.

Del cotorreo cotidiano  

Si Dios lo permite/ Dios mediante/ A estas alturas del partido/ Ahí te quiero ver/ te agradezco un mundo/ Fulanito es como todas las cosas/ Entregar a mesa servida/ Nadie sabe lo de nadie/ Con su reflejo/ Brilla por su ausencia/ Juntos, pero no revueltos/ Son uña y mugre/ No hay peor gestión que la que no se hace/ Cuando el río suena, piedras trae/ Dios tarda, pero no olvida/ A mal tiempo, buena cara/ Hay de todo como en botica/ Feliz como chancho en poza/ Llevar piñas a Milagro/ Le hicieron la casita/ Las cosas se parecen a su dueño/ A cada pavo le llega su navidad/ Guerra avisada no mata gente/ A lo hecho, pecho/ A la vejez, viruela/ A otro perro con ese hueso/ A vuelo de pájaro/ Se ahoga en un vaso de agua/ Anda como alma en pena/ Amasar fortuna/ Los amigos de lo ajeno/ Antes que el agua se enturbie/ Fue como un balde de agua fría/ Come como un barril sin fondo/ Es una persona bien papiada/ Bueno es culantro, pero no tanto/ Tanto llega el agua al cántaro hasta que se rompe/ A mal tiempo, buena cara/ Se me cae la cara de vergüenza/ Ese man es un caído de la hamaca/ Todo fue caída y limpia/ Cama, dama y chocolate/ Se metió en camisa de once varas/ Puso cara de pocos amigos/ Carrera de caballo, parada de burro/ Como pez en el agua/ Recibirlo con bombos y platillos/ Con el rabo entre las piernas/ Lo cogieron con las manos en la masa/ Lo contó con pelos y señales/ Son cortados por la misma tijera/ De tal palo, tal astilla/ a la tercera va la vencida/ Se cosecha lo que se siembra/ A buen entendedor, pocas palabras/ Más pronto se coge al mentiroso que al ladrón/ Quieren vender todo como gallina enferma/ A Dios rogando y con el mazo dando/ A la larga todo se sabe/ El muerto se hace más pesado cuando hay quien lo cargue/ A palabras necias, oídos sordos/ El comedido sale podrido/ El que tiene boca se equivoca/ El que no te conozca que te compre/ Barriga llena, corazón contento, etc.

Esas frases tan manoseadas  

Seguro, queridos lectores, que ustedes las conocen, las conocen tanto que ni siquiera las oyen de tan repetidas y manoseadas; aunque muchas en su origen expresaban una cierta dosis de sabiduría e ingenio popular han sido prostituidas por el uso irracional que empobrece nuestra comunicación. Estos lugares comunes son como boyas lanzadas en el océano de la improvisación y la pereza mental para no intentar expresarnos con nuestra propia voz y de una manera más original.

Si es que no ha advertido que estas frases son como paisajes repetidos, tenga cuidado y cómprese de inmediato un “mataburro”, lo más pronto posible, para que limpie, fije y dé esplendor a su lengua, porque puede ser un síntoma claro de que sufre una grave enfermedad o vicio que se llama pobreza léxica cuya única vacuna es la lectura. Y si usted es periodista, político, abogado, maestro, letrado, letraherido, aspirante a escritor o presume de ser persona culta, tenga presente, como ya se ha dicho, que el lugar menos literario de la literatura es el lugar común.  Al final, “había que decirlo y se dijo”. Sin lugar a dudas, como dice mi vecino, los lugares comunes son “una desgracia con felicidad”. Jajaja.

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