Diego, el incombustible – Opinión

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Mauricio Galindo
Mauricio Galindo

Diego Armando Maradona

Argentina, como te envidio. En Sudamérica, el continente del fútbol y el misticismo, nadie pudo elegir a Dios, ustedes sí: D10S. Fueron capaces de engendrar a 3 de los 5 mejores jugadores de la Historia, nos regalaron a Maradona, Di Stéfano y Messi. Crearon, además, una corte digna del Rey Arturo para esa trinidad sagrada, formada por Kémpes, Batistuta, Passarella, Sorín, Brindisi, Redondo, Riquelme, Aimar, Moreno, Housseman, Bochini y luego de ellos millar de futbolistas, que en cualquier país fuera de Brasil y Uruguay fuesen ídolos. Y han sido con todos estos privilegiados, 2 veces campeones del Mundo, y han perdido 3 finales.

País siempre cercano al precipicio, lo sienten y lo intuyen aún más, porque estuvieron en la cima, y a veces vuelven a rozarla. Nunca la volverán a alcanzar, de ahí su propensión a elegir ídolos que los saquen de esa realidad dramática, de poseer todas las condiciones y no llegar a cuajar; de no llegar a “ser” Como lo dijo Ricardo Darín en, El hijo de la novia “Si no estamos en inflación, estamos en deflación, aquí la crisis es permanente”

Por eso, cuando alguien se fusiona en una realidad espléndida, lo aman y lo endiosan. Gardel, Evita, Monzón, Olmedo, se les sumó el Diego, son sus dioses, sus referentes, a quienes en las noches ponen velitas y rezan que el día de mañana, el peso no caiga de valor, que las medidas económicas no destruyan de nuevo su poca prosperidad. Ruegan porque esa capital tan europea, no se vuelva lo que son sus cinturones de miseria, pobreza, plagadas de migrantes bolivianos, peruanos y paraguayos, hoy también venezolanos. Tararean en el colectivo, canciones tristes de amor, desengaño, miseria, del amor perdido; ese amor apasionado que solo una vez en la vida arrasa nuestra alma… y ese amor, para ustedes, que tan bien nos trasmitieron al Mundo, es Diego Armando Maradona.

Maradona, el verbo que jugaba todas las vidas

Digo es, por que físicamente, no está más; pero nunca necesitó estarlo, él era el verbo que conjugaba todas las vidas de su país. El guapo de la barra, que dribló varias veces a la muerte, que humillo al Imperio Inglés, con un poema y una sapada. Que en un mismo partido fue capaz de lo más bello, y lo más bajo. Nunca Argentina sintió ser un país, que Rosario, Córdova, Mendoza, que los clásicos Boca-River; Newell´s-Rosario; Rácing-Independiente o Argentinos-Platense, iban a segundo y tercer plano, que su eterna crisis económica se la pasaban por debajo. Que esa eterna promesa que son los albicelestes, para el Mundo, por un momento, la final de 1986, no era promesa, sí realidad.

Solo Pedro Infante en México, podría acercarse a lo que es para los platenses Maradona; pero Pedro, nunca humilló a un Imperio, entonces la magnitud del 10, se eleva a cotas siderales. Mujeriego, drogadicto, borracho, irrespetuoso, bacán y chispeante, fuera de la cancha nos recuerda a los héroes o dioses griegos, tan humanos, tan magníficos, capaces de arrasar Troya, con actos de valentía inimitables, como caer bajo el embrujo de unas caderas o de garrafas de vino resinoso. Y la grandeza deportiva y el ocaso humano del Pelusa, fueron en una colonia griega, donde él era su semi Dios, en Parténope, la moderna Nápoles; ahí alcanzó el cielo balompédico y el Edén dionisíaco. Era Baco y Apolo, el arquitecto perfecto en la cancha y el juerguista maravilloso fuera de ella.

En un continente, América Latina, donde tenemos émulos suyos nacidos incluso antes, es lo de menos, el Pelusa es intemporal, incombustible. Nuestro Kaviedes, el peruano Cholo Sotil, el salvadoreño Mágico González-ídolo del 10; Ronaldinho en Brasil, vivieron como el de Villa Fiorito, al límite, apasionadamente, sorbiendo hasta la última gota de champán, o el beso de una mujer, a orillas del Mediterráneo, o en Arroyito.

Los ídolos de barro

De todos estos, supuestos ídolos de barro, los brasileños Sócrates y Garrincha son los que aglutinados más se acercan al eterno capitán de su país, Argentinos Júniors y del Nápoles. Hay una mezcla de la gambeta y el desparpajo del carioca, con la elegancia, altivez, visión de juego y liderazgo del capitán en España 1982. Pero, el parecido va más allá de eso, va a las formas que asumieron la vida, como un precipicio, al que inevitablemente miraron y saltaron, hasta ver cuántas veces resistían la caída. Los tres estarán hoy en el cielo, conversando y recordando frases como la del Dr. Sócrates, cuando eliminados en España, le preguntaron, que sentía y con su maravillosa labia les dijo ¡Y, seguimos siendo los mejores!

Diego Armando Maradona, constituye en fin de una época, la del fútbol, aún no negocio estratosférico. Todavía era la época del enganche, hoy casi desparecido, en pos de la homogenización, de la muerte de la fantasía. Compartió Maradona cancha y vida con otros fabulosos 10, reinando por encima de Zico, Platiní, Matthaus, Laudrup, Valderrama. Fue el tiempo cuando podíamos ver este deporte en señal abierta, se iba al estadio con la familia. Esperábamos la Copa América y la Eurocopa, al igual que la Libertadores, la Recopa, Copa de Campeones y de la UEFA en Europa, porque eran acontecimientos extraordinarios. Hoy todos los días hay mínimo 5 partidos de fútbol, ya no existe esa ansia por ver a los ídolos cada cierto tiempo. Los futbolistas deben ser máquinas de egos inflados, que incluso, van a las citas de sus selecciones a regañadientes, porque juegan pasando un día.

Imágenes históricas

Nada como esta imagen. Tobillo hinchado, agotado, adolorido, infiltrado y sacó de la guantera una cabalgata que con tu pierna mala, la derecha, dio un pase maravilloso a Caniggia, y el “Hijo del Viento” dribló a Taffarel, para eliminar al enormemente superior Brasil de 1990. Ese era Maradona, un tipo capaz de lo imposible. Salve DIEGO, solo tú nos diste la posibilidad de soñar, con tenerlo todo, después de no poseer nada. Tan felices de verte fuimos los ecuatorianos, que cuando en 1993, volviste a ponerte la 10 del Newell´s de Rosario, tu debut fue frente a Emelec, y nos regalaste un gol, con la derecha, con sombrero incluido. Algo que nunca se repitió.

Actualmente Maradona sería un símbolo de lo “Políticamente Incorrecto” para nosotros, los de tu leva, fuiste el  emblema de que se pueda lograr las cosas, que el báculo de los hados, puede tocarnos a cualquiera. Ya los misterios, no existen son cajas abiertas. Diego, fuiste el mago que de la chistera sacó alegría para millones de vidas opacas, que vieron en tu magia, la posibilidad de decirle al Mundo ¿Esto soy y qué?

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