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De la maldad humana – Opinión

Carlos Guevara Ruiz
Carlos Guevara Ruiz

De la maldad humana – Opinión

El pasado lunes 21 de diciembre unos señores, dizque eran jueces, junto al Procurador del Estado han colocado en la pared del Palacio de Gobierno una placa como parte de la reparación simbólica al Estado por el caso Sobornos 2012-2016. Me preguntó, ¿qué perturbada cabeza habrá tenido semejante idea?

La justicia ecuatoriana dictó la sentencia y allí debió haber terminado su rol. ¿Cuál es el interés de esta operación de propaganda política? ¿Por qué seguir abonando a las sospechas de irregularidad de la sentencia? Los autores del show deberían saber que la historia no es una simple transcripción de textos, aunque estén grabados en el mármol. La historia es, sobre todo, la crítica de los textos que permite aclarar los hechos. La placa en cuestión nos habla más de quiénes la mandaron a colocar que de las personas cuyos nombres se inscribieron.

Que de la pandemia saldríamos mejores seres humanos, eso se decía durante el primer confinamiento. Debo confesar que desde el inicio no me convencía la idea de la conversión milagrosa del ser humano. Y después de ver este gesto de la maldad humana creo menos todavía. Se sabía de la injerencia del poder político en la justicia, pero pensar en un país donde exista una policía política de la moral en lugar de la verdadera justicia… Solo pensarlo da escalofríos.

La placa, en efecto, muestra la voluntad de humillar al condenado y no la de hacer justicia. También hay la voluntad de infundir miedo, porque la pena que recae sobre el individuo ha sido extendida a un periodo preciso y solapadamente a la ideología de ese Gobierno.

Como la oligarquía no se puede permitir adjuntar a su pesado fardo una segunda hoguera barbara han creído que una placa con los nombres de sus adversarios serviría para estigmatizar sus apellidos y su ideología. Me pregunto, ¿qué va a pasar con la placa una vez que estas personas cumplan con la pena? Y si las cortes internacionales dicen lo contrario de la sentencia ecuatoriana, ¿pondrán otra placa pidiendo disculpas? ¿Quién va a pagar las reparaciones a estas personas que han sido humilladas por el poder público? ¿Cuál será la próxima sentencia, hacerlos desfilar desnudos en la procesión de Jesús del Gran Poder para que reciban los escupitajos de la gente? ¿O los van a obligar a llevar una escarapela amarilla pegada en el pecho?

Esta práctica de infundir miedo es tan antigua como la maldad humana, pero, en pleno siglo XXI, ¿qué habrán hecho de terrible estas personas para ser tratadas de esta manera? Pues otros antes ya habían cometido peores crímenes y sin embargo no han merecido tal trato. ¿Por qué? ¿Será que no se está castigando un delito? ¿Será que no se busca hacer justicia sino ejecutar una venganza?

Finalmente, ¿por qué escoger el Palacio de Gobierno para colocar esa placa? ¿Por qué no en la sede, sí la hay, de alguna de las empresas que habrían participado en los sobornos? El acto es de un irrespeto absoluto a las instituciones republicanas, pues con él se insinúa que la presidencia de la República es un antro de corrupción. Las formas y las palabras en política tienen un sentido. Lo que se ha hecho ha sido estigmatizar a una institución en lugar de castigar un delito cuya responsabilidad es individual. ¿Qué tiene que ver la presidencia en todo esto? Si a los autores del sainete no les gusta la forma republicana del Estado, colocar una placa en las afueras del palacio presidencial ha sido la mejor forma de hacérnoslo saber.

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