Por Omar Jaén / @kelme_boy

Periodista

Hace unas semanas, en este mismo espacio, escribí un artículo en el que lamentaba que los ecuatorianos hemos perdido todo, como la capacidad de reacción, de indignación, de levantar nuestra voz de protesta. Nuestro país es ahora como una casa con violencia intrafamiliar: El gobierno es el agresor recurrente, los habitantes somos las víctimas incapaces de resistir y los medios de comunicación son esos familiares que te aconsejan no decir nada por el qué dirán o porque la situación podría ser peor. Y en ese “todo” que hemos perdido obviamente está el decoro.

El pasado viernes 7 de agosto, se diseminó en redes sociales unas declaraciones del jefe de Gabinete, Juan Sebastián Roldán, en una entrevista con Carlos Vera. En el insufrible diálogo, Roldán desvarió al decir que el “correísmo” no supera el 4% de intención de voto para el 2021, entrando en un estado de negación ante lo que todas las encuestas revelan. Muy a pesar del funcionario, la Revolución Ciudadana -sin tener aún un candidato oficial- lidera todos los sondeos y, a 6 meses de los comicios, pinta tener un pie en segunda vuelta.

Pero en realidad esa estimación de Roldán no fue lo relevante de la entrevista. Fueron sus declaraciones posteriores a las que hay que prestar atención: “Creo que a ese tipo de bandas no hay que tenerles miedo. Primero hay que apresarlos y luego hay que sacarles todo lo que hicieron mientras gobernaron. Buen riesgo es ser candidato correísta porque la justicia va a poner los ojos sobre los que todavía no están fugados o no están condenados”.

La desfachatez de Roldán no es nueva. Todo el país sabe que no es más que un bocón que obtuvo poder tras entregarse en cuerpo y alma a sectores económicos y extranjeros. Bien sabe él que si se presenta ante las urnas, apenas sacaría más de los 12 votos que logró en la Asamblea cuando pretendió ser vicepresidente de la República.

Sin embargo, este tipo de declaraciones no pueden pasarse por alto. Demuestran la visión de todo un gobierno que al ver que en poco tiempo tendrá que salir de Carondelet se desespera hasta llegar a comportamientos de cortes fascistas.

Y es que hay que ver el escenario completo: uno de los más altos funcionarios del régimen afirma sin sonrojarse que lanzará a la justicia (con su Fiscal escudera a la cabeza) en contra de toda persona que decida postularse para cualquier dignidad por la Revolución Ciudadana. Como leí en Twitter, ni Rodríguez Lara se atrevió a tanto.

Lo dicho por Roldán merecía que todos los sectores políticos del país salieron a rechazarlo. Pero al contrario, he visto aplausos y consentimientos. No me sorprende, vivimos en épocas en que hemos perdido todo, hasta la sangre en la cara.

Sino que lo diga el banquero Guillermo Lasso que esta semana se hizo viral por su “que chucha” en referencia a cómo los ecuatorianos votarían en 2021. Y aquí dejemos en claro que un “que chucha” es un juego de niños a lo que cualquiera de nosotros diríamos una mañana de domingo en las gradas del estadio de nuestro equipo de fútbol favorito.

No, la cosa no va por el “que chucha”. Los tiros van hacia cómo las élites económicas y políticas ven a los ecuatorianos. Porque Lasso demostró su frustración porque los números no le dan. La irrupción de Álvaro Noboa y Otto Sonnenholzner en el tablero de ajedrez han relegado al banquero. Y en vez de hacer una reflexión, en vez de analizar por qué no tiene aceptación suficiente, Lasso apela a la crítica al comportamiento del votante, lo enrostra, lo reprocha, le endilga su falta de “compromiso” con el país. En otras palabras, si no votas por mí eres un irresponsable e ignorante. Hemos perdido todo, incluso la falta de repudio hacia esa rancia clase política que nos ve sobre el hombro.

Roldán y Lasso nos demostraron esta semana nuestra realidad. Soberbia y cinismo por doquier, mientras que casa adentro seguimos sufriendo violencia intrafamiliar.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *