Extracto de Páginas de la historia ecuatoriana
Por Oswaldo Albornoz Peralta

Quito, 02 dic (La Calle). – Las relaciones feudales -no siendo resultado del normal desarrollo histórico, sino impuestas desde afuera con el filo de la espada- causan una inmensa e indescriptible destrucción de las fuerzas productivas, sobre todo de la población, vale decir, de los mismos productores. Y esta destrucción, junto con la rapaz explotación feudal, combinada con formas esclavistas inclusive, limita en gran medida el carácter progresista del régimen social ‒en relación con el menos evolucionado de los indígenas‒ establecido por España.

Todo esto, en suma, significa la fundación española de la ciudad de Quito efectuada por Sebastián de Benalcazar. La resistencia indígena guiada por Rumiñahui, es la protesta y respuesta al yugo de la conquista.

Hay dos clases de guerras: las justas y las injustas. La heroica resistencia de Rumiñahui, culminada con el sacrificio de su vida, es la más cabal demostración de la guerra justa, porque nada puede ser más de justicia que la defensa de la tierra propia frente a la injustificada agresión extranjera. Ningún pretexto, menos la imposición de una religión extraña como se argumentó y se argumenta todavía, puede lavar de culpa a la conquista.

No obstante lo dicho, ya desde un punto de vista estrictamente sociológico, ambos acontecimientos tienen una gran trascendencia. Es que de la matriz blanca del conquistador hispano, como resultado del desenvol­vimiento histórico, ha surgido nuestra nacionalidad mestiza, que si bien nutrida de manera preponderante por los valores llamados occidentales, tiene también componentes incorporados desde el medio indígena.

A su lado, por desgracia dominada y discriminada todavía, se halla la nacionalidad quechua diseminada en el callejón interandino, que dando muestras de gran vitalidad ha podido conservar su propia idiosincrasia, aunque también influenciada ‒no se puede negar‒ por la cultura blanca. Nuestro país, por tanto, tiene el carácter de binacional y pluriétnico.

Hay que concluir por lo mismo, que el problema no es otro que la supresión del discrimen y la opresión que padece el pueblo indio, para dar paso al libre desarrollo y florecimiento de sus valores étnicos y nacionales.
Esto se conseguirá.

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