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Crónica de 8 presos políticos en el régimen de Guillermo Lasso

Por: Viviana Paredes / @yosoylaassange

Las paredes de Quito, capital del Ecuador, siempre han sido la pizarra de la expresión popular. Me recuerdo a mí misma recorriendo las calles de mi ciudad leyendo los mensajes que los desconocidos nos dejan a los transeúntes, algunas veces en formas ilegibles, otras con dedicatorias dirigidas al amor perdido, pero en otras se han convertido en un manifiesto frente al abuso y la opresión del poder. Tal vez por eso decía Jorge Enrique Adoum que la única forma de ser leído en este país, es escribiendo en las paredes y puede que tenga razón.

Últimamente los muros de Quito hablan de libertad y utopías en un escenario histórico político en que la restricción a los Derechos Humanos se ha convertido en la carta de presentación del Estado ecuatoriano. No recuerdo un momento más oscuro para mi tierra como el que hoy vivimos. Catorce hombres de este suelo fueron asesinados por la Policía Nacional entre octubre de 2019 y junio de 2022, meses de paralización popular y absurda represión gubernamental.

Sin esos grafitis yo no habría descubierto una realidad escondida por los medios de comunicación y que a medida que iba preguntando o investigando me iba causando mayor impotencia. Quizás por eso decidí que honraré mi apellido escribiendo lo que se calla y que solo las Paredes podemos gritar. La realidad de los presos políticos en este pequeño país del sur de América, la historia de ocho, o tal vez más, hombres y mujeres criminalizadas y torturadas por estudiar, por pensar, por actuar, por aprender, por enseñar, por luchar y por creer en la dignidad.

Al indagar un poco, encuentro un nombre común en el tema de los presos políticos de Ecuador: Ernesto Flores Sierra.
¿Quién es Ernesto? ¿Dónde lo encuentro? ¿Por qué lo detuvieron? ¿Cuándo lo encarcelaron? ¿Está libre o sigue recluido? ¿De qué lo acusan? Mientras voy encontrando respuestas a esas interrogantes una canción del grupo español SKAP suena en mi cabeza: “solamente por pensar”. Porque, para empezar, lo primero que descubro es que Ernesto es un profesional de cuarto nivel, psicólogo de la Universidad Central, Máster en Estudios Culturales por la Universidad Andina y Candidato a Doctor en Humanidades y Artes por la Universidad Nacional de Rosario. Ernesto es un intelectual que piensa y produce pensamiento, ese sería su principal delito en un país en el que todo está prohibido menos obedecer.

Lo busco en una red social y aparece frente a mí su imagen esposado, levantando sus manos en medio de los policías, haciendo una V con sus manos. Es el símbolo de la paz o el anuncio de la victoria sobre el poder de las élites políticas que los acusan de “trata de personas para conflictos armados”, como me contaría después en una conversación extensa y reveladora sobre el abuso estatal contra él y su organización política.

Nos encontramos en una cafetería que es muy familiar para mí y pido una sala reservada para escuchar la historia de quien se considera un militante político en defensa de la vida. Su conciencia, me explica, nació en el emblemático Colegio Mejía y se afianzó en la universidad pública donde surgió el Movimiento Guevarista, organización que dirige y en la que realiza acciones de educación popular, apoyo psicológico a población sin recursos y organización social para fortalecer el pensamiento político de izquierda.

Pero su historia de formación se relaciona a la de su familia, con una tatarabuela “guaricha”, de los ejércitos montoneros del General Eloy Alfaro, a la que reivindica en su narración y sus padres, quienes se conocieron y enamoraron en Alfaro Vive Carajo, movimiento político que apareció en la década de los 80 como respuesta a las medidas neoliberales que gobernaban el país y marcaron diferencias abismales entre las élites económicas y el pueblo común, sin acceso a derechos básicos ni condiciones de dignidad. Para Ernesto, el movimiento Guevarista es el heredero de la lucha social y el pensamiento político de la izquierda ecuatoriana.

“La burguesía siempre reivindica a sus héroes y por eso desde el proletariado debemos reivindicar a nuestros héroes y heroínas”

Para él, la formación académica ha sido una prioridad y una decisión política a la que ha invitado a sus compañeros a continuar, porque cree que la criminalización a los sectores populares solo puede ser frenada desde el desarrollo personal y la estabilidad económica que asegure la posibilidad de brindar su tiempo libre a la construcción organizativa. Los libros que ha escrito y ha publicado son un manifiesto de formación y educación a la ciudadanía tanto en el ámbito de la psicología marxista y popular como en el de la literatura heterogénea.

“Estudiar también es una forma de luchar para nosotros, por eso pedimos a los compañeros que se formen en la medida de sus posibilidades. En esta sociedad clasista incluso pudimos obtener una mejor celda gracias a nuestros títulos académicos”

Le pido que me cuente las condiciones en las que se fue detenido la mañana del 19 de mayo y me detalla que desde el paro de octubre de 2019, él y otros integrantes del Movimiento Guevarista fueron objeto de seguimiento por parte de representantes del Estado, pero que el día anterior la situación fue intensificándose, al punto de invitar a Gabriela y Omar (también detenidos en el operativo) a reunirse en un bar durante esa noche para brindar por lo que, entre risas me dice que bromeaba, serían sus últimas cervezas en libertad.

Horas después, entre 20 y 25 policías armados entraron a su vivienda buscando pruebas que sustenten las acusaciones del Estado, le apuntaron con fusiles y le redujeron al piso mientras él demostraba su colaboración por lo que dice, le permitieron vestirse y debió esperar desde las 6am hasta las 9am mientras los uniformados requisaban su casa. Entre los bienes que tomaron estaban libros, recuerdos, la cédula de su madre, su computadora y el teléfono con el que atendía a sus pacientes de la consulta psicológica.

En el calabozo de flagrancia debieron permanecer siete días, en los cuales perdieron la noción del tiempo y las horas. Encerrados en un subsuelo frío junto a otros PPLS con las luces siempre encendidas y sin acceso a un baño. La policía de manera agresiva les decía que usen los frascos de comida para evacuar sus necesidades biológicas. Solamente la primera noche pudieron ver a los abogados y salir a la audiencia de calificación de flagrancia, los restantes seis días permanecieron incomunicados en condiciones de tortura hasta que fueron movilizados finalmente al Centro de Detención Provisional de El Inca, en Quito.

Ocho personas fueron apresadas esa mañana, a través de un operativo simultáneo en tres provincias: Pichincha, El Oro y Chimborazo. En Quito fueron detenidos Ernesto, Omar, Gabriela, Alexis y Nelly; en Machala apresaron a Juan Carlos y en Guamote a Carlos Carguachiy Silverio Cocha, dirigentes de una comunidad a quienes la policía sacó de su territorio bajo el engaño de entregarles productos para los comuneros. En este último caso resalta la ilegalidad de la prisión, no solo por las mentiras que usaron, sino porque nunca se respetó su condición de quichua hablantes con lo que no pudieron conocer, sino hasta la audiencia, las razones por las que eran tomados por la fuerza pública y privados de su libertad.

La criminalización de la organización popular no es nueva para Ernesto y los otros siete presos políticos del Movimiento Guevarista, de su experiencia a partir de la lucha de los presos políticos en otros países como España o Paraguay, saben que los estados buscan asesinar la imagen de los luchadores sociales acusándolos ante la justicia de ejercer actividades aberrantes como terrorismo, secuestro o trata de personas. Pero su optimismo se impone en toda la conversación, no falta una broma o una perspectiva distinta a la que busca el poder. Lo que a mí me parece repudiable, por ejemplo, a él le parece una oportunidad porque mientras más increíble resulta el cargo que enfrentan, dice, más difícil les resulta a sus perseguidores probar cualquier hecho dentro de esa “farsa judicial”.

“Si te acusan de que estás haciendo trata de personas o que eres un secuestrador o que eres un terrorista o asaltante bancario pues quedas desacreditado, por suerte es tan delirante la acusación de fiscalía que nadie se la cree y se evidencian las violaciones al proceso y es una acusación llena de engaños que posiblemente nunca puedan probar y más cuando el movimiento Guevarista jamás se ha involucrado en esas cosas”

Ernesto fue liberado por la revocatoria de la prisión preventiva y dos de sus compañeros obtuvieron su libertad por medio de Hábeas Corpus. Con estas acusaciones siguen detenidos cinco ciudadanos y ciudadanas ecuatorianas entre ellos los dirigentes de comunidades en Guamote y la dirigente de la Federación Nacional de Comerciantes Minoristas, Nelly Yacelga quien está en la cárcel de Latacunga enfrentando el terror de la crisis carcelaria en Ecuador, que solamente esta última semana se manifestó con dos motines en esa prisión de máxima seguridad. Su esperanza es que en la audiencia de formulación de cargos se revise esta arbitraria desproporción y sea liberada para enfrentar el proceso judicial sin riesgos a su vida e integridad.

Dejé colgado en el Facebook que se quedaron los policías la canción ‘Sois ejemplo’ del grupo español Hábeas Corpus, que es un homenaje a las y los presos políticos porque presentía que ese 19 de mayo venían por nosotros”

Ernesto perdió su trabajo como docente universitario y su estabilidad económica. Cuando regresó a su casa debió limpiar el desorden que dejaron los policías después del allanamiento y la requisa de sus bienes como primer paso para recuperar su vida. Con orgullo me dice que lo mejor de toda esta experiencia es saber que ninguno de sus compañeros se “quebró” ante los abusos del poder. Todas y todos se mantuvieron firmes sin caer en las presiones para lograr delaciones falsas en contra de la organización. Habla de las redes de afectos que los apoyaron dentro de la prisión, desde familiares que se encargaron de proveer los recursos para “pagar el colchón” donde podían dormir, hasta los consejos y palabras que sus compañeros de celda les brindaban constantemente.

“Sales ya con la conciencia de que ya te metieron a la cárcel ¿Qué más te pueden hacer? Lo único que pueden hacer es matarte, pero tenemos claro que también es una contingencia que los revolucionarios podemos enfrentar”

Me quedan dos preguntas importantes en esta larga pero reveladora conversación con Ernesto y empiezo por la más política. ¿Qué significa ser guevarista?, le cuestiono como para ir cerrando las ideas que hemos desarrollado durante una hora. Siento que no ha enfrentado esta interrogante porque reflexiona alrededor de esta en voz alta, primero con una corta risa y luego con la seriedad que uno asume cuando habla de lo que ama. Ser guevarista, me explica, es rescatar la memoria de las historias de nuestro pueblo, es tener palabra, es hacer lo que se dice, es ser consecuentes, es no bajar la cabeza después de enfrentar la cárcel, es bajar el discurso político a las masas populares y seguir peleando por quienes son los más olvidados por el poder.

“Nosotros siempre hemos dicho que nuestra organización tiene que ser esa organización de nuevo tipo que se ponga al frente de la lucha social ¿Por qué? Porque nosotros lo hemos decidido, no sé si eso alcance pero hemos visto que eso es lo que falta y eso lo hemos asumido porque nadie más lo está asumiendo y si otra organización lo hace nos sumaremos a ese esfuerzo por recordarle al pueblo que tiene derechos y que debe luchar por ellos”

Antes de pasar a la última pregunta señala que el exministro Carrillo quiso mostrar al país una organización urbana aliada a la CONAIE que pretendía realizar actos de terrorismo por coincidir con el pensamiento del periodista, escritor y filósofo peruano, José Carlos Mariátegui, con el que se reconoce afín porque en su movimiento todos leen, escriben y estudian. Una vez más me queda claro que la criminalización no es sobre cualquier persona, sino sobre aquellas que acceden a la educación y la cultura que el Estado les niega. Me cuenta que espera publicar sus escritos desde la cárcel y le digo que no solo me recuerda al propio Mariátegui, sino también al emblemático Gramsci y todas y todos quienes han sido visto como enemigos solamente por pensar.

“Si Carrillo realmente me entendiera le daría más miedo posiblemente, porque no hablamos de tirar piedras y tomarnos las calles sino de una real transformación del mundo andino en donde se incluyan todas y todos en las decisiones y la construcción del país”

Finalmente le pregunto por Natalia Sierra, la mujer que se convirtió en su voz durante los 110 días que estuvo en prisión y me habla del ayllu, que significa familia y no solamente porque sea su tía, sino porque es la madre que lo cuidó desde que el Estado le arrebató a Sayonara Sierra, la mujer que lo alumbró y cuyo caso forma parte de las ejecuciones estatales extrajudiciales determinadas por la Comisión de la Verdad en 2010; sino además porque ha sido ella junto a Wladimir Sierra, quienes lideran lo que él define como su “red de afectos”. Le pregunto si algo nos queda por añadir y me dice que solamente eso: saber que la red de afectos es la que salva la vida y que mientras no les llegue la hora de morir, serán sus familias, compañeros, amigos y estudiantes quienes les sigan cuidando frente al odio estatal.

“Como Mariátegui decía somos convictos y confesos por estudiar y formarnos, lo reconocemos y si quieren perseguirnos pueden hacerlo pero que se reconozca que es por esto y no por lo que están inventando en nuestra contra, que se sepa porqué nos están criminalizando”

Ernesto se despide, tiene una serie de actividades públicas planificadas por su organización, que debe acompañar como coordinador. Mientras guardo la grabación de esta entrevista y mis apuntes pienso en que cinco personas del movimiento Guevarista aún duermen en las cárceles del país por pensar distinto al poder y que su historia se asemeja mucho a la de Jorge Glas a quien otro sector político, también de izquierda, ha calificado como otro preso político tras cinco años de reclusión en cárceles de máxima seguridad y negaciones constantes de acceder a la defensa en libertad.

Me asusta pensar que, en una sociedad como la mía, en la que vivo y en la que crecen nuestros hijos, no solo puede matarnos la delincuencia, sino que un día cualquiera, el odio y la ignorancia de políticos ineficientes y demagogos puede arrebatarnos de un plumazo la vida que conocemos y nos obliguen a cambiar las aulas por prisiones y los libros por lamentos ¿Está alguien a salvo del odio burgués? Creo que esa pregunta quedará para nuestro siguiente encuentro en el que espero ya pueda contarme que los ocho guevaristas y todos los presos políticos del país están libres. Mientras busco el final de esta crónica suena de fondo Lucas Masciano y la Frente Marchita de todos los injustamente perseguidos por el neoliberalismo asesino. Una historia vieja que espero tenga, alguna vez, nuevos resultados.

*El 19 de mayo de 2022 fueron detenidos Gabriela Gallardo Sandoval, Ernesto Flores Sierra, Edison Omar Campoverde, Alexis Moscoso, Nelly Yacelga Ortega, Juan Carlos Bustamante Rueda, Carlos Carguachi Capito y Silverio Cocha.

Hasta el 9 de octubre de 2022, fecha en que se realizó esta crónica siguen en condición de presos políticos Edison Omar Campoverde, Nelly Yacelga Ortega, Juan Carlos Bustamante Rueda, Carlos Carguachi Capito y Silverio Cocha.

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