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«La campaña sucia no necesariamente ayuda al que la pone en práctica», explica Caroline Ávila

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Quito, 03 abr (La Calle).- La campaña de ataque con miras a la segunda vuelta electoral creció las últimas semanas antes del 11 de abril. Aunque el objetivo es evitar el crecimiento del apoyo de un candidato, no necesariamente le dará votos al que la realiza.

«En un primer momento este ataque es constante, pero después crece y se vuelve evidente. Si hay un contendor que sube en las encuestas, el ataque frena la atención y le favorece al otro candidato por el hecho de frenar los votos. La campaña de ataque no necesariamente le regresa los votos al que la lleva a cabo», dijo a Radio La Calle, la analista y catedrática Caroline Ávila.

En el caso de las elecciones de Ecuador, la segunda vuelta presentó un elemento más en el ataque: la burla y la sátira. «Al principio no tenían sustento como en el caso de «Andrés no mientras otra vez» o «Lasso salado». El contenido de la muletilla de CREO llega a partir de las expresiones de Fernando Villavicencio sobre la compra de la renuncia de Arauz. La reacción tardía hace que Lasso gane vuelo. Sin embargo, es muy difícil saber si esa conversación en lo digital incida en el territorio», añadió la experta.

Efectos de la campaña sucia

Para Ávila, el primer efecto de la campaña sucia es frenar el impulso que tiene un candidato. El segundo efecto es que mantiene el número de indecisos hasta el día de las elecciones.

«El tercer efecto es que el objetivo de la campaña de ataque de Guillermo Lasso busca restar credibilidad a Andrés Arauz, quien al ser un candidato nuevo debe reforzar su imagen y capacidad», comentó.

Por otra parte, recalcar la vinculación de Lasso con el Banco de Guayaquil no es suficiente. «El ataque de banquero funciona para un nicho, pero no para quienes buscan tomar una decisión. Hay un ataque de la campaña de lado y lado, pero una de ellas tiene más efecto», expresó la experta.

¿Podemos superarla?

A juicio de Ávila, la campaña sucia es difícil de superar porque la comunicación política está inmersa en la lógica de la deslegitimación y el ataque.

«Uno tiene que mirar la historia. Cuando entró la televisión, la comunicación política tuvo un cambio grande en los códigos, las lógicas o los tonos que se utilizaban. McLuhan decía que el medio es el mensaje y tenía razón. El proceso de ataque, la forma de causar daño al otro apareció con la televisión. Con el aparecimiento de las redes sociales, se mantiene esa lógica sencionalista o de ataque», precisó.

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