Por: Ivette Celi Piedra / @ivetteceli

El Movimiento al Socialismo (MAS) en Bolivia tuvo una contundente victoria, no solo en la disputa de la presidencia de la República sino en la mayoría de espacios de elección popular. En países como el nuestro se han desatado un sinnúmero de comentarios relacionados a esa coyuntura. Muchos de ellos racistas y xenófobos, y otros justificando la pérdida de las élites políticas a causa de la ignorancia del pueblo boliviano

Repúblicas a la deriva

A puertas de la conmemoración de los bicentenarios de independencia de las repúblicas americanas, el pensamiento eurocéntrico sigue siendo determinante en la construcción de relatos contemporáneos que justifican las prácticas de explotación post colonial.

Todavía los grupos de poder continúan relegando a los pueblos originarios al plano de lo exótico y salvaje. Lo que impone un discurso político basado en el desarrollo de una modernidad capitalista.

Desde la creación de las repúblicas americanas hasta la actualidad, esta metodología netamente colonial se reafirmó con el ocultamiento de la verdad y la desmemoria de los procesos sociales y sus luchas por la reivindicación de derechos, pero sobre todo, por el desplazamiento identitario con respecto a los pueblos originarios.

Solo basta con revisar la historia reciente de los hechos de octubre de 2019 en Ecuador y el rol de los poderes políticos frente a la memoria presente. Memoria que desde el poder se manipula para la construcción del otro -del indígena, del obrero, del campesino y del estudiante- como amenaza.

Integración

Ante ello, la participación de las colectividades en el escenario político y social, que durante años ha sido invisibilizada provocando una dispersión en la identificación e integración de una comunidad nacional, hoy se reivindica con fuerza con el arrasador impacto electoral del pasado fin de semana en Bolivia.

En Bolivia persiste una apatía sobre los potenciales procesos de cohesión social. Esa nación ha demostrado que puede desequilibrar a los poderes de facto y asumir las riendas del control político desde la acción popular.

De todos modos, el pueblo boliviano debe mantenerse alerta y expectante, puesto que agrupaciones extremistas siguen intentando desestabilizar la estructura democrática con el uso de la violencia.

Una violencia legitimada por los medios de comunicación. Élites empresariales y un Estado de derecho precario como el que ha tenido Bolivia en los últimos 11 meses de gobierno de facto.

Sinergia regional

En Ecuador el panorama no es tan distinto. El ejercicio de la violencia estatal ha sido permanente e impidió la reivindicación del poder popular a través de la lucha social.

Pero existe una sinergia regional que hace que los procesos sociales sean cíclicos. Ecuador, así como Chile, Colombia o Argentina volverán a encontrar el camino para una construcción colectiva de los derechos sociales.

Con las transformaciones políticas que se avizoran en los próximos meses en nuestra región, se retoma la esperanza de poder reclamar a la clase política una reconfiguración integral que posibilite la definitiva independencia. Ya no la de los pro hombres y los caudillos de la “libertad” sino la de la igualdad social y la soberanía popular.

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