Beatriz Yerovi | Opinión

Por: Alexis Ponce / defensor de Derechos Humanos

Beatriz Yerovi, Bachita, nuestra Bachita, ha fallecido. Mamá valerosa y ejemplar de una nena, como tantas hijas e hijos de nuestra Asociación, con Discapacidad Intelectual de por vida. Bachita fue casi fundadora de nuestra organización. Una mujer que, a pesar de su pobreza, lo daba todo. Siempre solidaria, educada y generosa. Muere con Covid variante Omicrón, tras contagiarse ella, su hija y otros familiares de forma rápida y masiva. Bachita cuidaba como nadie a su nena, con celo, en estos años de pandemia. A pesar de ello se contagió el 1 de enero, al parecer, en Quito, cuyo alcalde de marras, cuyo apellido ni siquiera recuerdo de la mediocridad de tantos, cambió el pinche semáforo rojo, que tampoco servía, sino para la prensa, sin toque de queda y sin estado de emergencia, a semáforo naranja, que es mucho peor y que hace notar, por infortunio sólo a los más experimentados, que en la era Lasso primero, siempre, están las ganancias de los de arriba, a lo que se maquilla como «productividad», como en la era de Moreno, y luego al final están- estamos, los vulnerables. Bachita y su nena habían recibido solamente dos dosis. Esperaban en breve la tercera dosis para blindarse y les debía ser obligatoriamente puesta por la autoridad estatal debido a la dizqué «prioridad» de nosotros los ‘Grupos de Atención Prioritaria’, o vulnerables. Nunca les llegó la tercera dosis a tiempo. Y ambas se contagiaron con muchos más, en cadena.

Bachita empezó con dolor de cabeza, fiebres, etc. Su sistema inmunológico estaba bajo, debido a la tristeza porque su hija en diciembre había pasado, por su discapacidad, en Terapia Intensiva logrando recuperarse. Bachita le dio siempre todo de sí. Siempre. La nena se accidentó hace tiempo en la bañera y tuvo fractura de cadera como hoy Nelly. La cuidó día y noche hasta mejorarla. Bachita había perdido hace 15 días el conocimiento y pasó entubada y así falleció, lejos de su hija. Ya no se enteró (en una UCI, quizás solo por esa comunicación del alma) que, hasta tanto, había muerto un día previo su anciana madre, por edad. La niña logró salvarse y superar el contagio. Pero murieron su mamá y todos los demás.

Y ese señor, G. Lasso, el presidente bolsonariano de Ecuador que veta toda sanción a los bancos que nos afectan a los usuarios, tiene el descaro de decir en público que el Omicrón no mata y que su afán es llegar al contagio de rebaño, mito que igual lo ejecutaron Trump Bolsonaro y el ministro de salud Mengele que tuvimos.

Se mueren no los irresponsables, carajo. Mueren los muy vulnerables, como eata madre ejemplar: Bachita. Como tanta gente está muriendo en Guayaquil. Es un deber exigir la tercera vacuna para quienes aún no se les pone, es una obligación exigir la cuarta dosis en 4 meses. Como ya se vacunan los ricos en Ecuador y como lo hacen las potencias capitalistas.

Bachita escribía maravilloso. Era una narradora sensible. Sin dinero, nunca olvidó a mi Tahís, a Nelly que no las conocía físicamente. Ni me olvidó, sin conocerme. Y mandaba puntual su ayuda por mi desempleo en medio de sus carencias, como varias de ustedes, a quienes agradezco con mi alma ese gesto.

Bachita, como Caty Bolaños, la hermana de Alexandra y Liliana, es hoy un agudo y profundo dolor en mi corazón.

La hija de Bachita está ahora con la trabajadora y cuidadora Denisse… amiga de Bachita.

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