Este día, 3 de septiembre del 2020, se celebran cien años del nacimiento de uno de los fundadores del neovanguardismo latinoamericano, el argentino León Ferrari (1920-2013).

No puede pasar desapercibida su obra; menos aún en este tiempo en que la discusión y el conflicto político envuelven con extremo despotismo nuestras anómicas sociedades.

Arte y religión

Es en este contexto donde Ferrari cobra total vigencia, al intervenir el espectro político, ideológico y religioso desde la praxis artística; irrumpiendo en los escenarios del poder hegemónico.

Una de sus obras icónicas “La civilización occidental y cristiana” (1965), consiste en una instalación tridimensional de un avión bombardero estadounidense sobre el que descansa la imagen de un Cristo crucificado.

Su referencia a los horrores de la guerra de Vietnam y el silencio cómplice de la Iglesia católica hacen que esta obra nos descubra al arte como instrumento contra la violencia de Estado y la violación de los derechos humanos, por ejemplo.

La Civilización occidental y cristiana, León Ferrari, 1965

En el contexto político latinoamericano, durante los últimos años, hablamos de retrocesos cuando observamos que, en lugar de incrementar el ejercicio de los derechos fundamentales, la imbricación entre ideología, religión y capital, ha generado una regresión de todo cuanto había logrado la lucha social durante décadas de disputas.

Hasta hace treinta o cuarenta años, León Ferrari veía con preocupación esa influencia de la “civilización occidental”; como una amenaza no solamente económica sino ideológica, que ahonda posturas religiosas que atentan contra la vida, reproduciendo la guerra.

Por ello, cuánta razón tenía al afirmar que “el arte no será ni la belleza ni la novedad. El arte será la eficacia y la perturbación…”.

La censura marcó la carrera de Ferrari, censura que no ha sido ajena a varios artistas nacionales que han ido por la misma línea. Un ejemplo es el guayaquileño Hernán Zúñiga y su obra “La Adolorida de Bucay”, retirada del Salón de Julio, del municipio de Guayaquil, por pedido del alcalde León Febres Cordero.

La adolorida de Bucay, Hernán Zúñiga, 1994

Arte y violencia

Ferrari interpreta a la sociedad como un filtro que deja pasar algunas cosas que le son convenientes o inocuas. Mientras que otras son veladas y omitidas del espacio colectivo.

El infierno, para la Iglesia, forma parte de un esquema, donde la tortura se convierte en un hecho aleccionador. Extrae de contexto el horror de la violencia que observamos impávidos en los templos religiosos. Pero se oculta cuando se trata de la agresión de un Estado represor, de una sociedad patriarcal, o de una decisión selectiva sobre la vida y la muerte.

Esa violencia que vemos en los infiernos de la desidia, del despotismo y del poder. Es imposible no hacer una analogía entre el silencio de la Iglesia y la postura de los medios de comunicación durante los levantamientos de octubre del 2019; donde las mutilaciones, los crímenes de Estado y la violencia fueron omitidos, censurados.

También viene a la mente la contradictoria posición de ciertos grupos políticos y religiosos ante la aprobación del Código Orgánico de Salud. Grupos que se oponen a salvar la vida de una mujer en situación de riesgo obstétrico.

El arte social, entonces, se convierte en un instrumento de provocación -y por tanto de emancipación -que hunde el dedo en la llaga de un país y de una sociedad agonizante. País que prefiere observar los infiernos desde una obra de arte en la que nunca estará representado el asesino de mujeres, el sacerdote pedófilo o el político corrupto. Un infierno que tampoco mostrará los vínculos de esa misma Iglesia con el poder político y el capital.

Arte y blasfemia

A León Ferrari lo llamaron blasfemo, y en muchas ocasiones grupos religiosos irrumpieron a sus exhibiciones para destruir la obra; pero él aseguraba que, luego de ser destruida, finalmente, ésta quedaba completa.

Una interpretación de la misma violencia con la que la sociedad asume su condición: “Creo que nuestra civilización está alcanzando el más refinado grado de barbarie que registra la historia”, aseguraba.

Contra la tortura, primera carta al papa, León Ferrari, 2000

Es muy probable que la obra estampada en una camiseta, que luciera la Ministra de Gobierno en los últimos días, se haya completado con la interpretación de toda una sociedad que vio, en ese acto de farándula, representadas la violencia, la indolencia y el infierno.

Santos enjaulados, León Ferrari, 2004

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