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50 años del robo de la espada de Bolívar: ¿cuál es su importancia histórica?

Por: María Isabel Burbano / @rizossalvajes

Quito, 18 ene (La Calle).- El 17 de enero de 1974, un grupo de jóvenes ingresaban a la Quinta de Simón Bolívar en Bogotá en busca de un preciado bien del otrora libertador de cinco naciones, su espada. El robo de la espada de Bolívar marcó el inicio de las operaciones públicas de la guerrilla movimiento 19 de abril, más conocido como M-19.

Con el 50 aniversario de este suceso se realizaron conversatorios y homenajes a este objeto material que se exibirá hasta el 30 de enero en la finca del Libertador. Después será llevada a su lugar de residencia, la casa de Nariño, el hogar presidencial.

Este suceso, medio siglo después, trae debate con acotres a favor y en contra de lo que ocurrió. Gustavo Petro, uno de los miembros del M-19, insistió en rescatar la importancia del hurto, pero congresistas del ala uribista criticaron que se recuerde un hecho – a su juicio – terrorista.

¿Cómo se produjo el robo?

Antes del 17 de enero, mensajes en los periódicos de Colombia empezaron a aparecer. “¿Parásitos… gusanos? Espere M-19″, “¿Falta de energía… inactividad? Espere M-19″. En un principio se pensó que era un anuncio de antiplagas cuando se produjo la acción.

Bolívar no ha muerto. Su espada rompe las telarañas del museo y se lanza a los combates del presente. Pasa a nuestras manos. Y apunta ahora contra los explotadores del pueblo

Ese fue el mensaje que dejaron escrito los miembros del M-19 tras haber entrado, romper el vidrio protector y hacerse con la espada de Simón Bolívar, pero ¿para qué robaron la espada? Les permitió tener visibilización. Los de la izquierda querían enrolarse en el grupo guerrillero, la derecha y el Ejército empezaron a cazarlos, si querían enviar un mensaje contundente, el robo fue un buen ejemplo.

Después de eso, el destino de la espada fue un misterio durante 17 años hasta su entrega en 1990 cuando los miembros que quedaban en el M-19 empezaron a negociar la paz con el gobierno.

Un prostíbulo y un poeta

Primero, la espada fue llevada a un prostíbulo, donde permaneció escondida unos días hasta que llegó a las manos del poeta León de Greiff que era cercano a los miembros del movimiento, quienes decidieron encomendarle el resguardo de este símbolo. Jaime Bateman Cayón, comandante del M-19, la limpió y se la entregó envuelta en una manta. Ocupó un lugar privilegiado en la biblioteca del poeta, en una habitación del segundo piso de su casa hasta 1976.

Desde ese año a 1979, la ubicación de la espada fue un enigma, se dice que la espada pasó por diferentes lugares, incluso que la tuvo otro poeta Luis Vidales. El ejército la buscó en la tumba de Greiff y apresaron a Vidales sin éxito alguno.

En 1980, Bateman decidió sacarla del país para garantizar su seguridad. Así lo confirmó Carlos Pizarro a Antonio Navarro Wolff. Fue a Cuba y no se sabe quién la custodió en la isla, algunas versiones señalan al propio Fidel Castro.

La espada cobró tanta importancia que Bateman analizó crear una “orden de protectores de la espada”. 12 hombres cuyos ideales se sintonizaban con el legado del libertador. A cada uno de ellos se le obsequió una réplica de la espada que los acreditaba como miembros honoríficos de la Orden. Una fue a parar a manos del general Torrijos, en Panamá, y tan solo dos de ellas no llegaron a destino, iban para Uruguay. La idea era que las tuvieran el poeta Mario Benedetti y el escritor Eduardo Galeano.

La entrega de la espalda

En enero de 1991, Arjad Artunduaga fue a Cuba para traer la espada. Entró con ella por Venezuela, de la manera más clandestina posible. La espada regresó a manos del Estado a finales de ese mes. Antonio Navarro la entregó envuelta en la bandera de Colombia al presidente César Gaviria. El mandatario ordenó que fuera guardada en una cajilla de seguridad en el Banco de la República, desde donde fue a parar a una urna en la Casa de Nariño.

Gustavo Petro se volvió un miembro del M-19 tras el robo de la espada de Bolívar por el poder símbolico que tenía, no solo el peso histórico sino también el golpe al sistema y al gobierno de turno. Ahora es el presidente de Colombia y un custodio de la espada que únicamente se envainará cuando la justicia social vuelva al país.

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