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Quito, 30 de sep (La Calle).- Por el 30 de septiembre de 2010 no debemos festejar nada, pero sí recordar y jamás perder la memoria de uno de los días más tristes de la historia de nuestro país.

No se pueden olvidar las balas asesinas, cobardes, traidoras que acabaron con la vida de un joven estudiante desarmado: Juan Pablo Bolaños; que acabaron con la vida de heroicos militares de la Patria que fueron a rescatar al presidente Correa: Darwin Panchi, Jacinto Cortez; que acabaron con la vida de Froilán Jiménez, integrante del GIR que resguardaba la caravana presidencial; aquellas balas criminales que casi matan a decenas de ecuatorianos, que dejaron parapléjico a un heroico oficial de lasFuerzas Armadas; aquellas balas también destrozaron nuestra alma.

El país debe seguir adelante

Que de ese dolor salgan fuerzas, compromisos, convicciones para no dar ni un solo paso atrás. Seguir luchando, continuar con nuestra Revolución Ciudadana, con la Patria nueva, con la Patria de todas y de todos, con la Patria grande, con la integración de América Latina.

Los que quieren creer, los que quieren convencerse ellos mismos de que el 30 de Septiembre fue un hecho aislado, no pueden ni ellos mismos soportar su mentira. Ahí se tradujo uno de los peores vicios que ha condenado nuestro país: La corrupción. Muchos de los policías insubordinados no luchaban por supuestas mejoras salariales, luchaban por no perder sus fuentes de corrupción.

El entreguismo

policías que extrañaban los tiempos de ciertas unidades que dependían de la embajada de Estados Unidos y detrás de ellos los grupos políticos que los utilizaban y aprovechaban y que también siempre han sido sumisos ante potencias extranjeras.

Ahí estaba el ejemplo de la falta de institucionalidad, anarquía: policías rechazando que se aplique la Constitución, que la competencia de tránsito pase a los municipios, confundiendo democracia con anarquía. Se reflejaba también la brutalidad, los abusos que históricamente se han cometido en contra de los derechos humanos: policías defendiendo la represión, defendiendo los abusos, las desapariciones.

La manipulación por la desinformación

Ahí también se reflejaba algo en que podemos caer cualquiera de nosotros: la manipulación por la desinformación; la indolencia, policías que fueron manipulados para rechazar una ley que ni siquiera habían leído y que les era tremendamente beneficiosa.

Y detrás de esos policías los cobardes, los aupados tras las sombras, los que cuando creyeron que iba a tener éxito su intentona golpista sudaban whisky reunidos en un hotel de lujo (muy cercano de aquí) de la capital de la república; aquellos politiqueros fracasados que se llenan la boca hablando de libertad (libertad para ellos, no para el resto), de democracia (hasta cuando les convenga, hasta cuando haya el riesgo de cambiar algo pisoteémosla nomás); aquellos que no pueden ni podrán vencernos en las urnas y tratan de vencernos con la sedición, con la conspiración, la desestabilización.

Las peores caras de la sociedad

Ese día 30 de Septiembre se vieron las peores caras de la sociedad ecuatoriana, de la política ecuatoriana; pero también se vio lo más grande del género humano: decenas de miles de ciudadanos, jóvenes, viejos, hombres, mujeres, discapacitados, indígenas, afros, montubios, marchando en paz, pero decididos para defender la democracia, para defender la Revolución Ciudadana, para defender al Presidente de la República, para decir ¡Nunca más aquí los golpes de Estado contra un gobierno patriota, un gobierno que está cambiando este país, un gobierno que en verdad nos representa!

Aquellos que creyeron que con sus balas asesinas iban a hacer retroceder esta revolución no saben a quiénes están enfrentando. Están enfrentando a todo un pueblo que decidió acabar con tanto abuso, acabar con tanta corrupción, acabar con tanto entreguismo, tomar en sus manos su destino, su futuro, y cuando un pueblo decide eso es invencible y no habrá balas en el mundo, no habrá balas en el universo entero que logren hacer retroceder esa decisión popular.

Podrán matarnos a nosotros, pero no podrán matar nuestros ideales. Podrán cortar las flores, pero no impedir la llegada de la primavera.

Aquellas balas asesinas, cobardes, traidoras del 30 de Septiembre son las mismas que históricamente han asesinado en América Latina, son las mismas que asesinaron a Sucre en Berruecos, son las mismas que masacraron a nuestros próceres del 2 de agosto de 1810, son las mismas que asesinaron a Alfaro, son las mismas que asesinaron a Allende, son las mismas que asesinaron a Monseñor Romero y tantos mártires que ha tenido nuestra América mestiza, morena, de todos los colores; pero pese a ello, pese a tanta represión, pese a tanta brutalidad ¡aquí está nuestra América más esperanzada que nunca, más ilusionada que nunca, más decidida que nunca para tener la Patria grande de todas y de todos!

30 de septiembre, ¡nunca más!

El pueblo se ha reunido para decir “30 de Septiembre ¡Nunca Más!”, para que sepan los conspiradores que se van a encontrar con todo un pueblo, con miles de almas, de brazos, de corazones, de mentes, dispuestos a dar la vida por defender nuestra democracia, por defender nuestra Patria, dando la cara, diciendo Presente; no cobardemente ocultos en máscaras. Su brutalidad es inversamente proporcional a su valor.

Asimismo, el 30 de Septiembre recibimos balas, gases, bombas de verdad que pudieron terminar con nuestra vida y de hecho terminaron con la vida de entrañables hermanos ecuatorianos. Sin embargo se dio una lección de dignidad.

Jamás claudicaremos en nuestros principios

Representamos a un pueblo valiente, heroico y jamás podremos retroceder ante la fuerza bruta.

El 30 de Septiembre de 2010 se dispararon balas, bombas, gases físicos; pero todos los días, el pueblo recibe las balas, los gases, las bombas de las mentiras, de la calumnia, de la desinformación, de la traición, de la manipulación de los que no quieren que cambie nada.

Compartimos este texto tomado del muro de César Albornoz, sobre el 30 de septiembre de 2010

Temprano muy de mañana se amotinan los chapas, cuando llega el presidente como jauría lo atacan. Su vandalismo, declaran,
es porque les han quitado unos bonos y juguetes y unas cuantas medallas.

Por eso se vuelven locos vejan al jefe y lo ultrajan, le acorralan en un cuarto y en su ventana disparan.

Cuando al fin se rompe el cerco con saña su auto ametrallan, no les importa que muera uno de sus camaradas.

Eso es lo que el país entero vio en la TV de su casa, nadie vio como aplaudía el OPUS DEI o la CIA, los pajes y desafectos de una voraz burguesía.

Todos los perjudicados de algunos cambios sociales, conocidos mercaderes y varias transnacionales.

Los que como Marx dijera todo vuelven mercancía y vendieran a su madre si eso ganancia daría. Los sin sentido de Patria, peor sensibilidad social, que lo único que defienden es su interés personal.

Los que contemplan con rabia su Jauja desbaratada en la que tanto lucraron cuando ellos gobernaban en esa noche tan larga, su noche neoliberal, en esa noche tan triste de la historia nacional, cuando solos prosperaban a costa del sufrimiento y la cruel explotación que sometiera a millones al éxodo de todo un pueblo o a la más vil exclusión.

Se vieron también cosas raras en la nefasta asonada: trepado en la camioneta de aquellas fuerzas hostiles, comandando la revuelta
de unos cuantos policías giles nada menos que a Don Lucho, dirigente eMePeDista, llamándoles camaradas a quienes en tantas jornadas apalearon a GCPos, JRes y FEUEinos, a los que acá en el medio se conoce como chinos por su origen maoísta en las disputas de izquierda que ayudaron a la larga a que quedara en … el lugar que se encuentra.

¿Qué nuevas conspiraciones estarán tramando ahora ese extraño contubernio de huestes lucioferinas, con guerreros de madera, e izquierdistas resentidos y todos los obsecuentes servidores de banqueros, de empresarios evasores y dueños de grandes medios?

Si por reformar la patria en orden constitucional los buitres confabulados lo trataron de matar, ¿a qué estarían dispuestos si realmente Correa se pone más radical?

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