María Isabel Burbano / @rizossalvajes

Quito, 10 ago (La Calle).- El 10 de agosto de 1809, un grupo de criollos se rebelaron contra el presidente de la entonces Real Audiencia de Quito, Ruiz de Castilla, desconocieron su autoridad y crearon una junta de Gobierno. Esas acciones sentaron las bases de la campaña por la independencia de España que culminaría con la Batalla de Pichincha en 1822.

Sin embargo, este no es un evento aislado. La idea de emancipación se vino forjando desde hace años atrás. En esta nota, haremos un recuento del camino al 10 de agosto, que no es solo un feriado más. Es el recuerdo de hombres y mujeres valientes que, con sus acciones buscaban un bien mayor.

El prócer en Quito

Eugenio Espejo no solo fue médico, abogado, periodista y bibliotecario, también fue conocido por su actividad política. Influenciado por las ideas de la Revolución Francesa de 1789 y gran amigo de los bogotanos Antonio Nariño y Francisco Antonio Zea (que después tendrá participación en la Gran Colombia), Espejo tenía ideas independistas en contra del rey y la corona española, ideas que lo llevaron a sufrir prisión y su posterior muerte en 1795.

Retrato de Eugenio Espejo por Manuel Salas

No obstante, estas ideas no quedarían olvidadas, sino que serían la semilla para lo que vendría en 1809.

Rey derrocado

A mediados de 1808, José Bonaparte entraba en España. Su hermano pequeño, Napoleón, después de una astuta treta terminó haciéndose con la corona de las manos de Fernando VII. José estuvo al frente del país ibérico durante cinco meses y nunca tuvo el apoyo de los españoles, que veían en el a un usurpador.

Los planes criollos

Al enterarse de la intromisión napoleónica, los criollos empezaron a armar Juntas de Gobierno bajo el pretexto de la defensa de los territorios del rey, que guardaba prisión. La idea de formar un gobierno autónomo empezó a tomar forma desde diciembre de 1808 en la hacienda Hacienda Chillo-Compañía, propiedad del Marqués de Selva Alegre, ferviente seguidor de Espejo. Entre los patriotas también estaban Juan Salinas, Juan de Dios Morales, Nicolás de la Peña, el obispo Cuero y Caicedo, Manuel Quiroga, Juan Larrea y la inolvidable Manuela Cañizares, quien infundió valor a sus compañeros antes de la acción.

Reunión en casa de Manuela Cañizares – autor desconocido

En la mañana del 10 de agosto de 1809 los patriotas sorprendieron a los comandantes españoles de la guarnición de Quito y sitiaron el actual Palacio de Carondelet, con el fin de entregar a Ruiz de Castilla, el oficio mediante el cual se le cesó de sus funciones. El apoyo de los 177 soldados de la guarnición colonial fue clave para el triunfo de la revuelta, ya que plegaron a ella sin que se produjeran enfrentamientos armados.

Monumento a los héroes del 10 de Agosto- Plaza Grande en Quito.

El conde siguió viviendo en Palacio por su avanzada edad, mientras que los patriotas detuvieron al Regente de la Real Audiencia, el “Asesor general”; el “Oído“. Destaca el nombre del Colector de rentas decimales, Simón Sáenz de Vergara, que no es otro que el padre de Manuelita Saénz, una de las figuras importantes en lo que sería la creación de la Gran Colombia… pero esa ya es otra historia.

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